Posted On 4 febrero, 2019 By In Editorial, Portada With 1599 Views

Febrero: Determinación y conciencia

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“Por tus hechos te conoceré… “

Refrán popular

El mes de febrero es para nosotras y nosotros, desde la pequeña historia de los primeros 50 años de nuestra herencia, un mes de acontecimientos que podemos determinar como tristes.

En febrero de 1969 los primeros compañeros partieron de nuestra Casa, ubicada en Apodaca y que entonces era sólo un rancho alejado de la Ciudad, hacia la Selva Lacandona. Ese era el punto de reunión para iniciar lo que se vislumbraba como un largo camino. Pronto se enfrentaron a severas dificultades, pero no se amilanaron ni rindieron, por el contrario, reforzaron su trabajo con conciencia y el 6 de agosto de ese mismo año nacieron ya las FLN.

Los hechos, la praxis, se desarrollan vertiginosamente; los años son como minutos. Nuestros compañeros fueron descubiertos, perseguidos, insultados, calumniados, y en medio del terror que vivía nuestro pueblo producto de la represión oficial, la organización siguió la misma ruta de trabajos en silencio, convenciendo, creciendo.

En febrero 14 de 1974 y en las semanas siguientes, se sufrió la dolorosa pérdida de nuestros primeros compañeros, varios de los cuales continúan desaparecidos. En medio de la tristeza y la represión, los trabajos de la organización continuaron. Esos hechos obligaron a que quienes habían decidido entregar su esfuerzo vital al proceso de liberación de nuestra madre patria, aceraran su determinación y conciencia. Un año después, el 7 de febrero de 1975, murieron 2 queridos compañeros encargados de la Dirección Nacional. Una vez más, el triste carácter de este mes marcó la historia de las FLN, pero los trabajos para encontrar de nuevo los caminos iniciados en la Selva continuaron: nada se detuvo.

En esas difíciles circunstancias, dos años después en febrero de 1977, nuestro compañero responsable Alfredo murió en la Selva por no contar con los servicios médicos necesarios para atender una trágica herida. Ante la dura realidad, con un enemigo tan grande como lo es el imperialismo, en un entorno tan abrumador como lo es la selva y con tantas limitaciones organizativas, algunos se rindieron y se fueron. Pero los trabajos continuaron con los pocos que quedaron: nada se detuvo, se gestaron nuevos planes para llenar con redoblados esfuerzos los patentes vacíos y poder ascender sobre la misma ruta. Se privilegió el trabajo político, seguido del trabajo militar, y los resultados no se hicieron esperar: los reclutamientos se aceleraron, tanto en las ciudades como en las áreas rurales, pues nuestro pueblo tiene tradición de lucha y ha acudido siempre en la historia a los llamados para quebrar cadenas. Crecieron las Fuerzas de Liberación Nacional, y en su seno se formó un ejército que al cabo de diez años de su fundación declaró la guerra a un gobierno federal usurpador y tirano. Un año después en febrero de 1995, por la delación de un Subcomandante desertor, perdonado por el amiguismo del mando militar que lo exoneró de graves omisiones, el ejército enemigo, enterado de todos los planes y la ubicación exacta de los pueblos que se habían levantado en armas, dio un fuerte golpe a las FLN.

Hoy nos toca en febrero de 2019, desde la Casa de Todas y Todos, dar a conocer a ustedes un triste suceso ocurrido a nuestras compañeras de la Asociación Mexicana de Mujeres.

Durante del Encuentro de Mujeres “Compañera Lucha” celebrado los días 10 y 11 de Noviembre en el noreste de nuestro país, donde participaron compañeras de la Selva junto con mujeres de la Ciudad, se decidió la invitación a compañeras universitarias a que asistieran a su comunidad en medio de la selva; se aprovechó su estancia por unos cuantos días para impartir cursos de higiene mediante la fabricación de jabones medicinales y salud sexual. Además ofrecieron también invitar a un maestro en Artes Marciales Mixtas para que enseñase a los jóvenes y niños la iniciación a dicho deporte.

Ese curso deportivo fue dedicado a la memoria del Cro. Subcomandante Insurgente Pedro, que murió luchando el 1º de enero de 1994. Él, que formó su conciencia y determinación en varios de estos altibajos organizativos de las Fuerzas de Liberación Nacional, practicaba artes marciales y las promovía en los ejercicios diarios en los campamentos de la Selva, como el gran formador de combatientes que siempre fue. Todo se llevó a cabo con absoluto respeto a los habitantes del poblado, y en tanto fue una actividad pública, todos los pueblos cercanos fueron invitados a participar y acudieron gustosos a estas actividades de fin de año.

Todo transcurría sin inconveniente, hasta que a las 02:30 de la madrugada del día 2 de enero, llegó a la comunidad una columna de aproximadamente 86 hombres encapuchados, que dijeron pertenecer al EZLN pero que en su mayoría no pertenecían a la misma comunidad, portando bastones y buscando a las compañeras en la casa del compañero que les hospedó, con la intención de correrlas de la comunidad que las había invitado. Ante la prepotencia y la cerrazón, sin más argumento que la fuerza, ellas decidieron irse para evitar enfrentamiento entre los desconocidos y los habitantes del poblado, que en todo momento defendieron su presencia ahí y las acompañaron en todo el trayecto hasta otra comunidad donde estuvieron a salvo.

Desde luego, las compañeras y compañeros no van a llevar al Ministerio Público ésta denuncia, pues no consideran ético involucrar a instancias de gobierno en los asuntos de las comunidades.

Sin embargo, si se decidió hacer la denuncia a través del Observatorio Mexicano de Derechos Humanos A.C, http://derechoshumanosmexico.org/denunciachiapas. y hacerla pública a la sociedad en general pues de no hacerlo seríamos cómplices de ésta grave situación, violatoria de los derechos humanos de la comunidad en cuestión y de las personas voluntarias que previo acuerdo con su asamblea, acudieron ahí a realizar actividades que, cabe decir, nunca pusieron en riesgo la seguridad de la población pues consistieron en actividades deportivas públicas, abiertas y legales.

Aproximadamente 50 personas, hombres, mujeres, infantes y personas de edad avanzada, fueron testigos de la agresión cometida por el Teniente Coronel Federico del EZLN, quien acompañado por aproximadamente 86 milicianos a su mando, uniformados, con pasamontañas y con “bastones” rodearon a los testigos y actuaron en contra de las 3 personas de la sociedad civil y del dueño de la casa que dio hospedaje, a quien tienen bajo amenaza. Ellas y ellos nos han dejado en claro que sus necesidades básicas en materia de salud y educación no han sido mínimamente resueltas por las instancias autónomas que dicen ejercer un “buen gobierno”. Mujeres y hombres de treinta años, que fueron niños durante el levantamiento de 1994 no saben leer ni escribir -y esto incluye a sus hijas e hijos- pues desde 1995 no ha habido maestro en su comunidad, una de las primeras en hacer suyo el proyecto de lucha del EZLN, esa organización político-militar que hoy bloquea sus esfuerzos por superar estas trágicas condiciones de vida sin salud, sin vivienda digna, sin educación, oprimidos por la pobreza y el trabajo precario.

Pensamos que esta agresión vino de compañeros que desconocen o niegan la historia de su pueblo, de quienes no entienden que nuestro trabajo es esforzarnos para que esta historia no se desvanezca: ¿Qué historia? La que afirma en los hechos que la determinación y la conciencia es el fundamento necesario para transformar las condiciones de vida de nuestros pueblos; la que respeta las decisiones de lucha y trabajo de las comunidades; la que nunca engañó a los pueblos con victorias rápidas, candidaturas y ensueños electoreros.

Así, con tristeza que nos embarga más no nos detiene, en este febrero hacemos público que en este caso, como en el de la tía Amalia, el EZLN ha actuado con la cerrazón y el autoritarismo digno de un rancio cacicazgo, contraviniendo varios de sus más elementales principios, como aquél que dice: Aquí el pueblo manda y el gobierno obedece; o aquél otro tan elocuentemente negado: Por un mundo donde quepan muchos mundos. Ante esto, repetimos con la claridad con la que nuestros compañeros de la comunidad lo afirman a diario: ellos no son nuestro enemigo. En este nuevo triste febrero, reiteramos que nunca hemos dejado solos ni a los compañeros, ni a los pueblos que se sumaron a nuestro llamado hace ya 50 años. Cuentan con nuestro apoyo solidario.

Nuestro compromiso fue y será estar siempre cerca de nuestro pueblo, por eso, en este cincuenta aniversario decimos nuevamente ¡YA BASTA!, ¡techo, tierra y trabajo para todas y todos!. Nada ni nadie nos detendrá.

¡Vivir por la patria! o ¡Morir por la libertad!

Grupo editorial de la Casa de todas y todos.

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