Posted On 4 junio, 2018 By In Editorial With 317 Views

Junio con Manolo, ¡Presente!

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En Junio no olvidamos el día 10, en que el Estado Mexicano asesinó a estudiantes que se manifestaban en las calles de la Ciudad de México, y que éste hecho, como el 2 de octubre en Tlaltelolco, marcaron a muchos jóvenes que decidieron sumar sus esfuerzos en organizaciones revolucionarias pues las vías “legales”, aún con una cacareada  “reforma política” o  “apertura democrática” de hace ya 47 años, estaban –y continúan- agotadas.

Entre esos jóvenes estaban nuestra compañera Ruth y nuestro compañero Manolo que en junio recordamos.

MARIO SANCHEZ ACOSTA,  Manolo utilizó varios nombres: Enrique, Jesús y por último Manolo. Ingeniero mecánico, electricista, compañero fundador de las FLN. Nacido en el estado de Veracruz. Huérfano de madre a edad temprana pasó la infancia en Poza Rica, Veracruz, al lado de distintos familiares.

En una de sus evocaciones, nuestro compañero Mario nos platica que…

“En la década de los cincuentas se trasladó a Monterrey donde trabajó como ayudante de cocina y a la vez cursaba estudios de secundaria, bachillerato y profesional.

En su vida universitaria destaca como dirigente estudiantil y como principal promotor en la creación del sindicato de la universidad. Fuera de ese medio desarrolla actividad política en sindicatos obreros, en el pequeño periódico “Pueblo y Revolución” y en el Instituto Mexicano-Cubano de Relaciones Culturales.”

Su niñez, como la de quienes en nuestro medio provienen de familias proletarias, estuvo lejos de ser afortunada. Sólo su temperamento, tenacidad y voluntad, lograron que más tarde iniciara estudios que lo llevan a obtener el título de ingeniero mecánico-electricista. Ya como profesional fue maestro en la preparatoria de la Universidad de Nuevo León.

Sus alumnos tenían en él al amigo consejero a quien podían acudir cuando lo necesitaban.  Su bondad hacia ellos fue siempre muy grande. Tenía en gran estima y en mayor grado la lealtad.  Sus compañeros de trabajo, maestros o empleados de administración o intendencia pudieron siempre confiar en él sin ser nunca defraudados.  Fue muy franco y sobre todo noble, lo que en el medio civil lo llevó en ocasiones a que personas malintencionadas se aprovecharan de sus virtudes, más él, con generosidad sin límite perdonó siempre las ofensas.

Durante su vida civil recorrió, como muchos de nuestros compañeros, innumerables caminos buscando la solución definitiva a los problemas de su pueblo hasta comprender por fin que sólo la lucha armada en una guerra por desgracia larga y cruenta,  podría conducir al pueblo al poder.

Entendido aquello, avocó todas sus fuerzas y medios para hacerlo posible y el 6 de agosto de 1969 participó en la fundación de las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN).

Su justo criterio y alta responsabilidad lo llevaron a desarrollar trabajos importantes de Dirección. Tomó en ese tiempo, el sobrenombre de Jesús,  en recuerdo de su papá. En esa ocasión inicia, junto al compañero Salvador,  estudios  técnicos sobre comunicaciones, comisión en que vuelven a desarrollar su tenacidad y voluntad, pues partiendo prácticamente de cero y con sólo los conocimientos de matemáticas y electricidad obtenidos durante sus estudios profesionales, y con los pocos medios que la organización podía en aquel entonces poner a su alcance, desarrolló avances que permitieron sentar las bases para establecer criterios sobre la utilización de los medios de comunicación electrónica, ramas técnicas importantísimas para nuestras FLN.

A fines de 1970, es designado por nuestra dirección como responsable de la red urbana en el Distrito Federal, recayendo prácticamente sobre él y su red el abastecimiento de la organización. A la casa donde él era responsable, se incorporaban los nuevos elementos profesionales que integraban a las FLN.  Ahí recibían de Jesús las enseñanzas, normas y criterios que la experiencia demostró justos para el desarrollo de los cuadros de la organización; su tenacidad, voluntad y nobleza influyeron decisivamente en la formación de algunos de nuestros compañeros.  Faltaríamos a la verdad si anotásemos que mandaba siempre amablemente, pero no hay quien pueda señalar el haber recibido de su mando orden impropia o emanada de otro criterio como no fuera el de resultar necesaria y benéfica para la organización.

Su último nombre, Manolo, lo tomó al alquilar la casa que nuestros compañeros ocupaban en Nepantla. Manolo, el segundo de Salvador, vio caer a sus compañeros, fue herido e imposibilitado para seguir operando su arma, fue tomado prisionero por los soldados del gobierno opresor cuyos mandos amedrentados por su actitud siempre revolucionaria, ordenaron cobardemente su asesinato en el mismo sitio donde junto a sus compañeros defendió hasta las últimas consecuencias -fiel a la consigna de “Vivir por la Patria o Morir por la Libertad”- los principios e ideales que un día adoptó como propios y por los que han muerto varios compañeros.

En junio celebramos el aniversario del natalicio de Manolo, militante ejemplar de nuestras Fuerzas de Liberación Nacional, digno hijo de nuestro pueblo por quien entregó todos los actos de su vida y, generoso, su muerte.

¡Compañeros Ruth y Manolo!

¡Presentes!

¡Vivir por la patria! o ¡Morir por la libertad!

Grupo Editorial de la Casa de Todas y Todos.

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