VIVIENDA Por Ruth VI y última parte

Nepantla 9, 15 de marzo de 1980

VIVIENDA

por Ruth

VI y última parte.

VI

FINALMENTE

Las denuncias que aparecen cotidianamente en los periódicos, la literatura sobre sanidad y vivienda, planteando los problemas habitacionales objetivamente –aparentemente con fines humanitarios-, son sólo una advertencia para la burguesía, pues las zonas deprimidas constituyen los focos de origen de epidemias que no se limitan a permanecer ahí sino que se extienden a las colonias donde habitan los burgueses. Para consolidar su sociedad, la burguesía necesita paliar los males sociales que provoca; entre ellos el problema de la vivienda. Pero, ¿qué pueden hacer las clases poseedoras para solucionar el problema, si es el conjunto de estas clases las que lo ocasionan?, es decir: los terratenientes y la burguesía dirigidos en contra de los intereses de los explotados; si acaso, los capitalistas sólo podrán vigilar el cumplimiento de los paliativos que ofrece al pueblo a través del Estado

Los problemas sociales y fenómenos económicos es necesario analizarlos desde el punto de vista de las condiciones actuales de la producción social, y el problema de la vivienda es uno de tantos males causados por el actual modo de producción capitalista; y no es, por grande que sea su magnitud, el más importante. Se puede carecer de toda clase de servicios, techo inclusive, y estar expuesto a la suciedad, promiscuidad, al frío, lluvia, a las enfermedades que conllevan estas condiciones, antes que carecer de alimentación. Para resolver el problema habitacional sería necesario terminar con el contraste entre la ciudad y el campo, nivelar la oferta y la demanda, imponer por encima de todo, los intereses del bien común expropiando a los poseedores y alojando a los que carecen de techo. Sencillamente, utopías en la sociedad capitalista; banderías de políticos oportunistas. Pues, cual lo señaló Engels: “No es la solución de la cuestión de la vivienda lo que resuelve al mismo tiempo la cuestión social, sino que es la solución de la cuestión social, es decir, la abolición del modo de producción capitalista lo que hace posible la solución del problema de la vivienda”

Lo que el revolucionario debe tener siempre presente es que las masas que luchan por un lugar digno para vivir aún no comprenden que el problema habitacional no será resuelto en el capitalismo. La mayor parte del pueblo no conoce de las limitaciones de las luchas que se ajustan a las reglas del juego burgués: es aquí donde radica el deber del revolucionario, en llevar claridad política a las masas, en elevarlas a la comprensión de las causas económicas que motivan sus particulares problemas de vivienda, que son las mismas que ocasionan la miseria social; en rescatarlas del individualismo animalizante en que sumerge el capitalismo a la población con respecto a la vivienda, para que comprendan que los problemas personales son en realidad problemas sociales; en arrancar de ellos la confianza que tienen depositada en el “líder”, el “licenciado”, el “juez”, el “funcionario”, la “ley” para superar sus formas de organización y de lucha, para que rebasen los límites de la petición y la protesta, para que en determinado momento tomen las armas y se integren a la lucha revolucionaria por el derrocamiento del poder burgués.




NA: “techo, tierra, trabajo” – Parte II

Nepantla 9, 15 de marzo de 1980

Vivienda, por Ruth
II de VI partes

EMIGRACION CAMPESINA

PENURIA DE VIVIENDA

La vivienda es una mercancía, y como toda mercancía, “su valor está determinado por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción”, (F. Engels). Esta mercancía se rige según las leyes económicas que regulan la venta de cualquier otra, por tanto, para saber su valor, habrá que tomar en cuenta: la mano de obra, gastos de materiales, valor del terreno dependiendo de su ubicación –ya sea que se encuentre en una zona céntrica o que tenga servicios públicos-, qué tan deteriorada se encuentra la casa y, finalmente, por algo que resulta de suma importancia; la ley de la oferta y la demanda. En las urbes el exceso de desposeídos provoca una gran demanda de casas habitación, demanda sin soluciones probables, pues a la industria de la construcción (una de las más importantes en el país) no le conviene construir habitaciones suficientes porque con ello ocasionaría el abaratamiento de las rentas. Pocas habitaciones a precios elevados dejan mayores beneficios, y siempre se encontrará el asalariado despojado de vivienda presto a pagar por cualquier pocilga. La mentalidad del especulador es acumular riqueza pasando por encima de las necesidades de las mayorías. Así, en el caso de que pudiera solucionar el problema mediante la nivelación de la oferta y la demanda de vivienda, no lo haría por no convenir así a sus intereses.  Por otro lado, las ganancias que proporcionan las construcciones de campos de golf, discotheques, plazas de toros, estadios de futbol, residencias en las Lomas, etc… no se obtendrían en la construcción de moradas modestas para millones de trabajadores que se enfrentan a la escasez de ellas; incluso llega a darse el caso de asalariados con posibilidades de pagar para vivir más decentemente, pero resulta imposible por la carencia de vivienda adecuada. El Estado tampoco está en condiciones de resolver la penuria: “El esquema financiero de la vivienda en general en todo el país, no está en posibilidad de ofrecer casas baratas a los sectores con ingresos del salario mínimo”, afirmó el Lic. Patrocinio González Blanco, Director General de la Comisión de Desarrollo Urbano del D.F. (El Sol, 2 de diciembre de 1979).

Contrapuesto a la insuficiencia del Estado y el desinterés de la industria de la construcción, algunos propietarios de fábricas construyen casas a sus obreros más eficientes y calificados. Aparentemente lo hacen con fines humanitarios, pero no tiene más objetivos que ligar a los obreros de por vida a la fábrica, sin posibilidades de ofrecer su fuerza de trabajo a otra, con lo que el burgués tiene asegurada la mano de obra calificada que necesita. El capitalismo, inteligente, sabe que al tener a sus empleados en buenas condiciones de salud, con la tranquilidad que ofrece una propiedad, logrará que éstos sirvan bien, contentos, desempeñando satisfactoriamente las labores fabriles; y en caso de huelga puede aplicar el chantaje.  Por su parte, los obreros pelean entre sí a fin de conseguir vivienda, lo que ocasiona una competencia por adquirirla. No se hacen esperar en este ambiente los sentimientos pequeñoburgueses; el individualismo y el egoísmo que contribuyen a anular la lucha obrera.

La insuficiencia habitacional abunda ahí donde florecen las operaciones financieras y los fraudes, en lugares donde sin partir de una concepción del interés social, los alojamientos se realizan con fines especulativos. Tal es el caso de los líderes sindicales que manejan los contratos de organismos oficiales haciendo negocios redondos como propietarios de las constructoras. El obrero se enfrenta con diversos obstáculos ante estos organismos: la burocracia es uno de ellos, pues el trabajador que logra vivienda debe esperar hasta tres años para que se la entreguen, además de que las casas son construidas lejos de los centros de trabajo. Otro ejemplo es el de los “latifundistas urbanos”, dueños hasta de mil edificios con rentas muy por encima de su valor real, que llegan a absorber hasta la mitad o más de los ingresos del trabajador.  En la zona metropolitana de las grandes ciudades se cometen abusos y fraudes por particulares que realizan clandestinamente operaciones inmobiliarias consistentes en ventas de predios de propiedad comunal o ejidal.  En la provincia, en zonas petroleras o donde se realizan obras hidroeléctricas, los elevados sueldos de ingenieros y obreros especializados son motivo suficiente para subir las rentas y provocar la penuria de vivienda, penuria que afecta a los pobres con mayor fuerza que a cualquier otra clase social, pero que no constituye un mal exclusivo del obrero o trabajador de pocos ingresos, el problema pesa inclusive sobre la pequeña burguesía, pues la especulación y lo elevado de los alquileres también afecta su economía, aunque en menor medida.

 

(Continuará…)