Corresponsalía de Chubakai

Posted On 2 mayo, 2015 By In Editorial With 1832 Views

Mayo. La raíz de cualquier camino.

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Mayo, tiempo apropiado para reflexionar en torno a la más fundamental de las actividades humanas, base de todo logro, raíz de cualquier camino: el trabajo.

En la marcha desbocada del capitalismo en búsqueda de ganancias, la vida de la mayoría de la población es arrastrada. Esa mayoría de la población somos trabajadores: asalariados o desempleados; formalmente contratados o en subempleo. Nuestro origen común está en el despojo violento que el capitalismo y los estados nacionales han organizando sobre los medios de producción, que antes fueron propiedad del pueblo y de las comunidades.

El discurso neoliberal plantea el fin de las contradicciones entre el trabajo y el capital, pero el tamaño de la población cuya vida depende de la venta de su trabajo continua acrecentándose, y esto es una verdad objetiva.

Es el despojo sobre los medios de producción lo que arrastra a millones de personas a recorrer largas distancias para sobrevivir; a cruzar fronteras, exponiéndose a los dispositivos de seguridad que el capital mismo ha diseñado para regular el flujo migratorio, creando con ello un mercado de seguridad y violencia que les genera ganancias. Hablar de migrantes, es hablar de trabajadores.

La condición humana de los trabajadores está definida por la explotación que padecen. Se vive para trabajarle a los capitalistas.Y en eso, hay una desproporción. Así lo ha dicho un compañero albañil, uno de ellos que construyen el mundo, porque así lo vive y lo ve.

“Aquellos que trabajan imprimiendo mayor esfuerzo a su obra, son quienes perciben menos ingresos. Y quienes en verdad no trabajan, perciben cada vez más ingresos. Aquellos otros que trabajan más horas y perciben ingresos porque son muy calificados, padecen de enfermedades, mentales, digestivas, del corazón, y nunca tienen tiempo. Aquellos que trabajan en las oficinas, cuando despiertan, han visto marchitar su vida. Aquellos que ya trabajaron durante décadas, aún siguen trabajando y envuelven mercancías en los supermercados porque carecen de protección social. Aquellos que construyen la infraestructura de las grandes ciudades,son objeto del desprecio. Se nos cataloga despectivamente como ‘nacos’ o ‘macuarros’. Aquellas que trabajan, las mujeres, ganan menos que aquellos que trabajan. Aquellas y aquellos que trabajan vendiendo en las calles porque no tienen más alternativa, son perseguidos por los gobiernos, y calificados como delincuentes. Aquellas y aquellos jóvenes que buscan trabajar y no encuentran, se les cataloga como flojos e incompetentes, “ninis”, como si fuera culpa suya la razón de su malestar.

En estos tiempos, las mujeres y los hombres trabajan más horas y de manera más intensa, lo correcto sería pensar que vivimos mejor, pero no, vivimos en peores condiciones.

Es una desproporción lacerante sobre la vida misma. Es una desproporción irracional. Es una desproporción que tiene su origen en la existencia de los capitalistas, que sólo están conducidos por la“razón” del dios Dinero”.

Así es como explica el mundo actual un albañil, uno que lucha, uno de esos que construyen el mundo.

En este mes de mayo rememoramos y celebramos a los hombres y mujeres que participaron de manera organizada para luchar contra el capital, reivindicando el derecho al trabajo, pero sobre todo, el derecho a vivir dignamente. Su lucha es más que nunca reivindicada. Somos constructores.

Por eso el propósito de encontrarnos con quienes buscan cambiar este mundo desproporcionado; porque sólo desde un nuevo acuerdo social, construiremos una justa proporción, al trabajo, al descanso, a la distribución del valor gestado.

¡Viva el Primero de Mayo! ¡Día internacional de los trabajadores!

En México, el 3 de Mayo, Día de la Santa Cruz, es el día del obrero de la construcción: “albañil”, “alarife”. Estamos con ustedes.

Grupo editorial de La Casa de Todas y Todos.

La foto es corresponsalía de Chubakai.

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