Junio, 2020: ¡Respiraremos!

Editorial Junio, 2020

Desde el
año de 1971 en la Casa de todas y todos, así en el México que lucha, no
olvidamos los junios: son las agresiones a nuestro pueblo que reeditamos en
nuestra conciencia social lo que nos da fortaleza para seguir adelante. En este
junio un hecho poco usual, una pandemia, nos mantiene unidos, y no es la
primera vez que un evento de dimensiones trascendentes – como los
terremotos-  nos une. Miles de muertes y
regiones incomunicadas para no propagar la epidemia es parte de la estrategia
médica, que no debe de detenernos:  a
pesar de la distancia y la pérdida de contacto, por medio de la conciencia
debemos acercarnos, desarrollando las labores de preparación que son necesarias
para toda acción: la preparación y el estudio.

Si bien,
en la medida de lo posible, el pueblo trata de mantenerse en casa y no
reactivar la vida social, se avisora ya el afán de lucro del sistema económico
que padecemos: los grandes laboratorios que se frotan las manos en espera de
los medicamentos y equipos médicos de elección para atacar la enfermedad, que
seguramente ellos venderán. De esto y otros males sociales seguiremos hablando
en otros editoriales.

En este junio
no debemos de olvidar el racismo. Ese flagelo que como virus permanece oculto en
las conciencias. Tiene una raigambre milenaria: el ver al otro como inferior
por su color de piel, por su lenguaje extraño, por su indumentaria, son
manifestaciones que se han repetido en amplios periodos del andar humano. Y sin
embargo, es en el periodo regido por el capitalismo que el racismo ha sido un
componente ideológico desde el cual se ha justificado el genocidio, la
esclavitud, la explotación y la expoliación de territorios y pueblos enteros.
Desde el viejo discurso del racismo, se explota laboralmente, se ofrecen peores
salarios, se obliga  a jornadas laborales
más intensas.

Lo que
hoy observamos que pasa en los EEUU, fuertes protestas contra los departamentos
de policías y otras instituciones de gobierno, no solo se explican por la
brutal ejecución ilegal, ilegitima y publica de George Floyd, sino por la
cultura sistémica de brutalidad policiaca e impunidad que ha tenido un costo
inmensurable en el asesinato de miles de negros, hispanos e inmigrantes en manos
de policías blancos racistas.

Casa blanca entre gases lanzado por policías que la “defendían” contra la multitud. ¿Quien agrede a quien?

Las policías locales de las ciudades gringas, los sheriffs, los Texas Rangers, la patrulla fronteriza, ICE, los Federal Marshalls, la DEA, el FBI, el Servicio Secreto, la Guardia Nacional, entre otros han estado vinculados históricamente a dos sistemas de control social, la criminalización de pueblo pobre y de color, y a la militarización de la estrategia de control policiaco civil. Y con ellos, han reventado cualquier intento de rendición de cuentas (police accountability) por parte de la ”sociedad civil” o aun del congreso de los EEUU, y  han violado sistemáticamente los derechos civiles y humanos de los sectores controlados.   

Y el
resultado de esta cultura de abuso intencional e institucional es que el 99.99
de los crímenes cometidos por estas policías queden impunes, y aun justificados
por un sistema de cortes locales, estatales y federales (controlados por jueces
blancos) que han completamente abandonado a las víctimas.  La acumulación de estas ofensas, y agresiones
han resultado en el hartazgo que es hoy evidente y en la reacción popular se da
en forma de disturbios, incendios y enfrentamientos contra fuerzas policiacas
en todo el país, en ciudades como Minneapolis, Chicago, Los Ángeles, San
Francisco, Atlanta, Filadelfia, Nueva York, Houston, Dallas, El Paso, Salt Lake
City y otras grandes ciudades norteamericanas, llegando anoche a la Casa
Blanca, cuya entrada principal fue incendiada, mientras el presidente se
escondía en el Bunker.

Entonces
la historia parece repetirse, y de que nada de esa agresión racista ha
cambiado. Hoy recordamos los alzamientos populares de Watts, o de cuando
asesinaron al líder Luther King, en los años 60s, luego los del año 1992,
cuando los policías responsables de golpear sin clemencia a Rodney King fueron
exhonerados. Hoy recordamos a Eric Garner, a Juan Patricio Peraza, a Michael
Brown, a Esequiel Hernandez, a Trayvon Martin, Sergio Adrian Guereca, a Tamir
Rice, a Philando Castile, a los niñ@s Felipe, Jakelin, Roberto  y centenas más de ciudadanos
afrodescendientes y migrantes que, en el marco de la impunidad, el supremacismo
blanco, y el racismo estructural, han muerto a manos de la policía
norteamericana.

El
cobarde, inepto, mentiroso y bocón presidente de los EEUU ha anunciado que
busca declarar a quienes participan en las estas protestas como terroristas, poniendo
en claro el carácter fascista de su propio gobierno, algo que el imperialismo
norteamericano había procurado anteriormente ocultar o disfrazar. 

Todas
estas acciones de protesta, plenamente justificadas en su forma y en su fondo y
arropadas con el apoyo y la solidaridad de los pueblos oprimidos en todo el
mundo, resultarán seguramente insuficientes: falta conocer al sistema
imperialista y promover la unidad de los trabajadores del mundo, para que desde
un mismo frente actuemos contra el imperialismo global. Ante las guerras de
conquista, invasiones, asesinatos masivos, perpetrados por el imperialismo, cada
país presenta una serie de problemas urgentes por resolver, y cada pueblo trata
de resolverlos con los fundamentos históricos a su alcance. Pero el combate al
imperialismo, debe de hacerse en coordinación, entre todos los pueblos de la
tierra. Esa ha sido nuestra búsqueda desde hace un poco más de 50 años de
existencia.

George Floyd murió ahogado por un policía de Minneapolis: “I can’t breathe” – “no puedo respirar”- fueron sus últimas palabras. El ahogo del racismo, el ahogo del encierro sanitario, el ahogo de esta pandemia en el cuerpo de nuestros pueblos, pasará: el imperialismo será derrotado, el racismo será borrado, la salud será un derecho y la enfermedad será un hecho natural, no una condena social. Ese futuro ha sido nuestra razón, desde hace poco más de 50 años de existencia.

En este
mes de junio, debemos recordar al compañero  fundador de nuestra organización, Manolo, nacido
en Junio, a la compañera Ruth,  a los
jóvenes estudiantes mártires del 10 de junio, y ahora agregar con tristeza a
los miles de víctimas de la pandemia.

¡Nosotros  no olvidamos!

¡Vivir por la Patria! o ¡Morir por la Libertad!

Grupo Editorial de la Casa de todas y todos.




Corresponsalía abril

Recibimos la siguiente Corresponsalía del Centro de Estudios de la Casa de los Pueblos.

Oaxaca, México, abril del 2020.

Semanas de trabajo cooperativo, organizativo…Y la lucha sigue.
Compañeras, Compañeros, Compañerxs; además de saludarles, queremos informarles
como hemos decidido enfrentar la crisis de enfermedad por la que atraviesan los
mundos.

Primero. Estamos conscientes, en diferentes momentos de la historia, los
pueblos hemos tenido que enfrentar múltiples epidemias.

Durante la invasión y saqueo de los pueblos de américa por los europeos en el siglo XVI: la viruela, el tifo, el cólera y la sífilis, provocaron una hecatombe demográfica.

En 1812, durante la guerra de independencia, se diseminaron intencionalmente la fiebre y el tifo para diezmar las rutas y sitios de las tropas insurgentes comandadas por José María Morelos.

En Oaxaca, entre 1750 y 1880, se sucedieron plagas y epidemias que diezmaron
poblaciones y reorganizaron la distribución de los pueblos, los circuitos
mercantiles y las relaciones con las ciudades.

De 1882 a 1921, encontramos registro de las siguientes epidemias: cólera en
Chiapas, Oaxaca y Tabasco de 1882-1883, en 1915 el istmo de Tehuantepec; fiebre
amarilla en Sinaloa en 1889, 1902 y 1903; peste bubónica en Baja California y
Sinaloa en 1902-1903, en Mazatlán el registro fue de 529 muertes; fiebre
amarilla en Veracruz entre 1903 y 1905, tuberculosis en 1907, sífilis en 1908,
en 1910 sarampión; tifo en el centro-sur, incluida la capital de la república
en 1911, 1915 y 1916. En el primer semestre de 1915 el panteón de Dolores
registró 9,788 entierros y para 1916 se tenía un registro de 12,149 muertes en
la capital; en 1918 la influenza española dejó 500,000 muertos más, en el país.

En relación con las epidemias, los mecanismos de inmunización eran y sieguen
siendo precarios y eran y siguen siendo parte del escenario de guerra. Las
enfermedades repuntaban por ciclos y se recrudecían según la temporada del año:
en frío aumentaba el tifo, con calor aumentaban el cólera, dengue y paludismo.
El hambre era y sigue siendo permanente.

Diferentes misivas de generales revolucionarios y de familiares de Emiliano
Zapata permiten conocer que de 1914-1915 él estuvo enfermo de algún
padecimiento prolongado, que no impidió que la revolución siguiera en
movimiento (Pineda, 2013: 56-110).

La revolución del sur generó uno de los más grandes proyectos de salud
comunitaria y asistencia a heridos en combate. La medicina de guerra desde
abajo, desde las prácticas históricas de los pueblos insurrectos, desde los
contingentes de trabajadores de la salud, en las columnas y en los pueblos, en
las montañas y los trenes, en el territorio cuerpo de las personas y en el
territorio insurgente, operaba con un plan general que organizaba los centros
de atención y los hospitales desde la perspectiva revolucionaria para cubrir el
territorio liberado. Otra experiencia similar en la historia es el
tren-hospital de la División del Norte.

El  Ejercito  Libertador  del  sur  tenía  como
 prácticas  de  sanidad  y  atención,  la
canalización  de  enfermos  y  heridos  a
 hospitales  de  campaña instalados  en  Cuernavaca,
Cuautla, Toluca y México; tenía enfermerías en Jojutla y Chiautla, así como
puestos de socorro  en  Huitzilac,  Peñón  Viejo,
 Iztapalapa,  Mexicaltzingo,  San  Mateo  y
 Topilejo, atendidos por médicos, pasantes, estudiantes de medicina,
enfermeras y enfermeros, por mujeres, hombres, niños y ancianas que sumaban
colectivos, recolectaban, transportaban y eran correos entre los pueblos. Se
formaban brigadas sanitarias que también eran comandadas por mujeres como María
Guadalupe Muñiz y Dolores G. Pliego que luchaban por el cumplimiento del Plan
de Ayala (Pineda y Castro, 2013: 214).

Se colectaban cargas de maíz, ropa, leña, vendajes, medicamentos para los
heridos, zacate y cobertores para los hospitales, con obreros y campesinos en
Contreras y Morelos. En los diferentes rumbos del territorio se sentaron
precedentes del futuro sistema de derecho a la salud que se irá construyendo a
pesar de todos los obstáculos del poder. Es así, un aporte de los pueblos, no
del Estado.

Emiliano Zapata atendió con mucha dedicación las tareas para resolver las necesidades del colectivo social: auxilio económico, víveres, vestimenta y semillas para sembrar; abasto de leña, forraje y aparejos; resolución de diferendos sobre  tierras,  chinampas,  bosques,  agua,  ganado,  herencias  y  casas  habitación; impartición de justicia, asuntos judiciales, funcionamiento recto de los ayuntamientos, educación y salud; operación de caminos, correo, telégrafo y ferrocarril; comercio, producción de las fábricas de azúcar, fábricas textiles y fábricas de papel, minas,  construcciones.

Cuando hay una crisis, una guerra, enfermedad, quienes padecemos los nuevos mecanismos de control y segregación impuestos por el poder y quienes ponemos los muertos, somos nosotros, los pueblos. Como somos los pueblos los que, a pesar de la precarización y represión generamos alternativas que construyen vida.

Hoy como ayer insistimos, como nos enseñó Zapata; las necesidades del colectivo social se resuelven con organización y lucha; construyendo salud comunitaria, construyendo Autonomía, sembrando la tierra, compartiendo los frutos de la siembra y el trabajo colectivo, que hermana, que nos hace compañeros.

Centro de
Estudios de la Casa de los Pueblos.




Corresponsalía

Cuerpos-territorios, condiciones de vida, epidemias y la Revolución del Sur

Centro de Estudios de la Casa de los Pueblos

Recibimos la siguiente Corresponsalía del Centro de Estudios de la Casa de los Pueblos, al propósito de la pandemia de 1918.

Las condiciones de
vida y las condiciones de la guerra.

El poder hegemónico históricamente ha tenido
prácticas de dominación y escarmiento recurrentes sobre tierras, cuerpos y
símbolos, como el incendiar pueblos, apropiarse de las cosechas, destruir la
base agrícola de subsistencia, separar la cabeza, desmembrar y mutilar el cuerpo
en secciones cardinales, precarizar la vida hasta la hambruna y propagar
epidemias, elaborar discursos, generar imágenes o versar la mentira y la
calumnia en la historiografía, recurriendo a conceptos racistas, criminalistas,
burlescos y denigrantes, para minar y descalificar los procesos
revolucionarios. 

El genocidio, el etnocidio, el epistemicidio y
el ecocidio son también mecanismos que el poder genera para intentar derrotar
la voluntad de lucha de los pueblos.

Durante la conquista europea de los pueblos y
naciones históricas en el siglo XVI, la viruela y sífilis provocaron una
hecatombe demográfica, en 1812, durante la guerra de independencia, se
diseminaron la fiebre y el tifo para diezmar las rutas y sitios de las tropas
insurgentes, durante la revolución estas enfermedades tienen repuntes a grado
de epidemia que cobraban la vida de cientos de miles, principalmente en las
zonas pobres del campo y la ciudad. Con ese pretexto se formularon mecanismos
de control y segregación.

El registro de esperanza de vida en 1910 era
de casi 30 años (Bravo y Reyes, 1958, p. 81), México tenía 15.16 millones de
habitantes, el 42% de la población era menor de 15 años y sólo el 2% mayor de
65 años (DGE, 1918), el mayor número de muertes durante la revolución fue
particularmente en menores de 14 años.

El censo de población de 1921 registra 14.33
millones de habitantes[1]; a
pesar del subregistro de morbimortalidad, se estima que la revolución tuvo
entre uno y dos millones de muertos, según los datos censales, hubo ochocientos
veinticinco mil muertos registrados en diez años de guerra, esto es 226 muertes
al día.

La pobreza, el hacinamiento, las condiciones insalubres y miserables en las que se vivía en las periferias de las ciudades, en barrios como Tepito, La Merced, Peralvillo, Los portales, donde no se tenía drenaje ni luz y el agua potable que se consumía tenía impurezas biológicas, bacterias patógenas, parásitos intestinales, virus y químicos que provenían de aguas negras, aunados a la desnutrición crónica fueron determinantes en la proliferación de enfermedades infectocontagiosas como paludismo, viruela, escarlatina, tuberculosis, tifoidea, sarampión, tos ferina, tétanos, rabia, dengue, fiebre amarilla, peste, tifo, cólera, poliomielitis, difteria, encefalitis, influenza española, entre otras que son un indicador de la pobreza y marginación en que vivía el 90% de los habitantes, en esas condiciones debía continuar el trabajo y la lucha de los campesinos sin tierra, peones acasillados, obreros, costureras o lavanderas que trabajaban jornadas extenuantes en condiciones deplorables.

En promedio “cada persona consumía 13 kilos
de azúcar al año, 24 de arroz y 2 kg de frijol
(Valadés,
1987, p. 119),
los salarios cuando había, eran miseros, una mujer se vendía
por 6 centavos y un hombre por cinco pesos; lo que nos habla de una política de
control, explotación, segregación, acaparamiento y usura para el exterminio de
la población.

Entre las principales epidemias registradas entre 1882 y 1921 encontramos cólera en Chiapas, Oaxaca y Tabasco (1882-83), el istmo de Tehuantepec (1915), fiebre amarilla en Sinaloa (1889, 1902 y 1903) (Carrillo, 2005, p. 1050), peste bubónica en Baja California y Sinaloa en 1902-1903, en Mazatlán el registro fue de 529 muertes (Carrillo, 2002, p. 74; Ydirin, 2018, p.11), fiebre amarilla en Veracruz (1903-05), tuberculosis en 1907, sífilis en 1908, en 1910 sarampión, tifo en el centro-sur incluida la capital de la república en 1911, en 1915 y 1916. En el primer semestre de 1915 el panteón de Dolores registró 9, 788 entierros y para 1916 se tenía un registro de 12, 149 muertes en la capital (Molina, 2015, p. 1205); en 1918 la influenza española dejo 500,000 muertos más en el país (Ydirin, 2018, p. 12)

En 1891 el director del Hospital Militar, el
general Alberto Escobar, da instrucción para que la Secretaría de Guerra cree
la Carta Geográfica Médico Militar como un asunto de estrategia militar.
En 1907 el Estado Mayor publica un ensayo de geografía médico militar que
identificaba la etiología conocida o probable de las enfermedades, con ellos
los generales identificaban sitios de mayor riesgo, los recursos materiales y
personas involucradas (Carrillo, 2002, p.72).

Cuerpos de campesinos
y obreros, territorios de lucha.

En un contexto de guerra, la salud fue vista en
términos higienistas con un modelo militar de salud pública centralizada a
través del Consejo Superior de Salubridad y de las juntas de sanidad, cuya
política genocida, racista y de exterminio, utilizó medidas de control
poblacional mediante la detección y aislamiento de los enfermos, se les buscaba
casa por casa para la reclusión en cuarteles, cárceles, nosocomios, lazaretos,
viviendas.

Se incendiaban casas y pueblos enteros como
medidas de control social, Tepalcingo, Jojutla, Xalatlaco, Tilzapotla fueron
arrasados completamente bajo esta lógica, mientras que en la capital durante
1915 había 11, 197 personas recluidas en los nosocomios: Hospital General,
Hospital Tlalpan, Lazareto S. Joaquín, Hospital Militar (Molina, 2015, p.1219-1221).

En relación con las epidemias, los mecanismos
de inmunización eran precarios eran parte del escenario de guerra, los ciclos
de repunte de las enfermedades se recrudecían en diferentes temporadas del año,
en frío aumentaba el tifo, con calor aumentaba el cólera, dengue, paludismo, el
hambre era permanente; los grupos más vulnerables fueron los menores de un año
y las mujeres.

En 1900 estados como Querétaro, Puebla,
Oaxaca, Moleros tenían un promedio de 580 muertes por cada 1000 nacidos vivos
en el primer año de vida[2] (Ávila, 2015, p.417 e
INEGI, 1995, p. 62-71), para 1915 el índice de mortalidad aumentó, el
sarampión y la viruela, habían diezmado a la población. En Puebla se
registraron 999 muertes por tifo en 1915 y 1076 en 1916, del total de muertes
el 69.5% eran mujeres (Molina, 2015, p. 1201).

Diferentes misivas de generales
revolucionarios y de familiares de Zapata permiten conocer que entre 1914-1915
él estuvo enfermo de algún padecimiento prolongado que no impidió que la
revolución siguiera en movimiento (Pineda, 2013, p. 56-110).

La revolución del sur generó uno de los más
grandes proyectos de salud comunitaria y asistencia de heridos de combate, la
medicina de guerra, desde abajo, desde las prácticas históricas de los pueblos
insurrectos, desde los contingentes de trabajadores de la salud, con  un plan general que organizaba los centros de
atención y hospitales desde la perspectiva revolucionaria para cubrir el
territorio liberado, en las columnas y en los pueblos, en las montañas y los
trenes, en el territorio cuerpo y en el territorio insurgente, otra experiencia
necesaria en la historia es el tren-hospital de la División del Norte.

El Ejercito Libertador del sur tenía prácticas
de sanidad y atención, canalización de enfermos y heridos a hospitales de
campaña instalados en Cuernavaca, Cuautla, Toluca y México, tenían enfermerías
en Jojutla, Morelos, Chiautla y puestos de socorro en Huitzilac, Peñón Viejo,
Iztapalapa, Mexicaltzingo, San Mateo y Topilejo, atendidos por médicos,
pasantes, estudiantes de medicina, enfermeras y enfermeros, por mujeres,
hombres, niños y ancianas que sumaban colectivos, recolectaban, transportaban y
eran correos entre los pueblos, se formaban brigadas sanitarias que también
eran comandadas por mujeres como María Guadalupe Muñiz y Dolores G. Pliego que
luchaban por el cumplimiento del Plan de Ayala (Pineda y
Castro, 2013, p. 214).

Se colectaban cargas de maíz, ropa, leña
vendajes, medicamentos para los heridos, zacate y cobertores para los
hospitales con obreros y campesinos en Contreras y Morelos (Pineda, 2013, p. 109-116). En los diferentes rumbos
del territorio se sentaron precedentes del futuro sistema de derechos a la
salud que se irá construyendo a pesar de todos los obstáculos del poder, es
así, un aporte de los pueblos no del Estado.

Pero, además, Emiliano Zapata atendió con
mucha dedicación las tareas para resolver las necesidades del colectivo social:
auxilio económico, víveres, vestimenta y semillas para sembrar; abasto de leña,
forraje y aparejos; resolución de diferendos sobre tierras, chinampas, bosques,
agua, ganado, herencias y casas habitación; impartición de justicia, asuntos
judiciales, funcionamiento recto de los ayuntamientos, educación y salud;
operación de caminos, correo, telégrafo y ferrocarril; comercio, producción de
las fábricas de azúcar, fábricas textiles y fábricas de papel, minas,
construcciones.(Pineda, 2016, p.12)

En el contexto de estas gestas revolucionarias, en
medio de las epidemias y la gurra, en torno a las posibles y no sólo deseables
transformaciones de las relaciones sociales, dice el PLM en el Manifiesto del
23 de septiembre de 1911:

“El robo, la prostitución, el asesinato, el
incendiarismo, la estafa, productos son del sistema que coloca al hombre y a la
mujer en condiciones en que para no morir de hambre se ven obligados a tomar de
donde hay o a prostituirse, pues en la mayoría de los casos, aunque se tengan
deseos grandísimos de trabajar, no se consigue trabajo, o es éste tan mal
pagado, que no alcanza el salario ni para cubrir las más imperiosas necesidades
del individuo y de la familia, aparte de que la duración del trabajo bajo el
presen- te sistema capitalista y las condiciones en que se efectúa, acaban en
poco tiempo con la salud del trabajador, y aun con su vida, en las catástrofes
industriales, que no tienen otro origen que el desprecio con que la clase
capitalista ve a los que se sacrifican por ella
.[3]

Para quienes tienen interés o formación en el campo de la salud, nos queda la tarea de rescatar de la memoria de los pueblos, la historia de la construcción de la salud como un derecho, como un bien social que se logra con libertad política y económica, con la posesión de la tierra y la justicia, con un proyecto revolucionario que asegure el bienestar económico, político, cultural, social, ambiental de todo un pueblo.


[1] DGE. Según el Tercer
Censo de población de los Estados Unidos Mexicanos en 1910 había 15, 160,369
habitantes y en el Censo General de Habitantes de 1921 se registran 14, 334,
780 habitantes.

[2] Brena,
en Atención a la salud en la época porfirista, señala que fallecían 572 por
cada 1000 niños antes de cumplir el año de edad, en Querétaro 677, en Puebla
491, mientras
que la tasa de mortalidad infantil nacional en 1900 era de 288.6 y en 1909 de
301.8 (Narro, 1984, p. 641).

[3] Regeneración 1911.Los  Ángeles, Estado de California, Estados Unidos
de América,  a los 23 días del mes
de  septiembre de 1911. Rúbricas de Ricardo
Flores Magón, Librado Rivera, Anselmo L. Figueroa, Enrique Flores Magón En: https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/6/2625/54.pdf




10 de abril del 2020

Aniversario 101 del asesinato de nuestro Gral. Emiliano Zapata.

El virus que se distribuye en el mundo, no es el único
que en la historia ha provocado debacles.  La
pandemia de influenza de 1918, conocida como “gripe española” o “influenza
española” ocurrió durante la Primera Guerra Mundial (Guerra de rapiña y
despojo, guerra de unos cuantos países “poderosos” buscando sojuzgar y sacar
ganancia de los más pobres); en ese entonces los espacios reducidos y cerrados
y los movimientos masivos de tropas, sobre todo las tropas estadunidenses,
ayudaron a impulsar la propagación de la enfermedad.

Se estima que alrededor
de 500 millones de personas, o un tercio de la población mundial, se infectaron
con ese virus, y el número de muertes en todo el mundo se estimó en al menos 50
millones.

Hubo 3 momentos que se
reconocen de esa pandemia, el primero se detectó en campamentos militares, pero
a los Estados Unidos y otros países involucrados en la guerra no les convenía
informar sobre la gravedad de ese virus pues le interesaba mantener la moral
alta entre la población.  Pero la segunda
ola, (algo así como fase 2), surgió en Camp Devens, (campo de entrenamiento del
Ejército de los EE. UU. en las afueras de la ciudad de Boston) y en una
instalación naval en esa ciudad. Entre septiembre y noviembre murieron más de 100 000
personas en los EE. UU. en octubre de ese año.

El tercer momento, comenzó
a principios de 1919, duró toda la primavera y causó incluso más casos de
enfermedad y muerte. En nuestro país, México, es sabido que desde 1914 se  sufría de una gran escasez de agua y comida.
La crisis económica estaba latente pues fue una época donde las vías
ferroviarias, que era el medio para movilizar tropas y mercancías se vieron
afectadas por el desarrollo de la lucha revolucionaria. Eso provocó que el
traslado de las mercancías fuera muy costoso, provocando escasez de agua y
comida. Nuestro pueblo mexicano, ante todas las circunstancias nacionales o
internacionales, se ha mantenido en lucha.

Para 1918, nuestro General Emiliano
Zapata presentó un “Manifiesto a los habitantes de la República” en el
Cuartel General de Tlaltizapan, Morelos, el 16 de febrero de 1918.

“La revolución se propone: redimir a la raza indígena, devolviéndoles sus tierras, y por lo mismo, su libertad; conseguir que el trabajador de los campos, el actual esclavo de las haciendas, se convierta en hombre libre y dueño de su destino, por medio de la pequeña propiedad; mejorar la condición económica, intelectual y moral del obrero de las ciudades, protegiéndolo contra la opresión del capitalista; abolir la dictadura y conquistar amplias y efectivas libertades políticas para el pueblo mexicano.”

(,,,)

Y
ante esa situación, señala el Manifiesto….

“La
Revolución del Sur carece de fines personalistas. El Plan de Ayala que le sirve
de bandera sólo persigue mejorar la clase proletaria; impedir que el rico
explote al que tuvo la desgracia de haber nacido pobre; devolver a éste lo que
injustificadamente le ha sido quitado por hacendados y caciques y otorgarle un
pedazo de tierra en su Patria, a que indiscutiblemente tiene derecho como
mexicano […].

Los
artículos de primera necesidad se agotan, a tal grado que el hambre ha llevado
el luto y la desolación a muchos hogares de inocentes que tienen derecho a
vivir […].

Prolongar
esta situación por más tiempo, las enfermedades y miserias irán en progresión
creciente y los que ayer permanecieron indiferentes, desprovistos de ideales
revolucionarios, hoy, contrariando sus inclinaciones, se verán obligados a engrosar
las filas del enemigo, para alivio de sus males y satisfacción de sus más
imperiosas necesidades […].

Inspirado
en las ideas de patriotismo y de justicia, con que siempre he sellado mis actos
y penetrado de las amarguras por que atraviesa la República, os invito para
que, eliminando toda idea personalista, ayudéis a luchar por la salvación de
este suelo que nos vio nacer.

El General en Jefe Emiliano Zapata

“Manifiesto a los habitantes de la
República” cuartel general de Tlaltizapan, Morelos, 16 de febrero de 1918.
Archivo histórico UNAM, fondo Gildardo Magaña. En La Guerra Zapatista
1916-1919
, Francisco Pineda Gómez, Ediciones Era, México, 2019, Pág. 64.

Sin embargo, el
capitalismo, aunque pareciera que agoniza (igual que en aquel entonces), sigue
pataleando, entra en un dilema entre cuidar la salud de la población y el
paralizar o no la economía. Si la gente no trabaja, se detiene la producción de
mercancías y ¿la ganancia…? Por eso, los empresarios necesitan que la gente
salga a trabajar, aún a sabiendas que pone en riesgo la salud. Primero están
sus ganancias, y el virus del COVID-19, hace que ésta contradicción se
visualice. No hay que dejar de observarla. Al “Quédate en casa”, se opone el “Regresen
a trabajar.”

Nosotras, nosotros, desde la Casa de todas y todos… aún en medio de la pandemia, vemos que es necesario no dejar de ver el lado histórico y realista de la historia, de nuestro país y del mundo. No perder de vista cómo el imperialismo, fiel a sus convicciones de rapiña y despojo, aprovecha éstas situaciones para no dejar de “golpear” a países como Venezuela, Cuba o Irán y que por lo mismo, mientras exista el imperialismo, no podemos dejar de ser pensantes, de continuar organizándonos, no hemos dejado de luchar y por lo tanto debemos continuar  Viviendo por la Patria o Morir por la Libertad.

Grupo Editorial de la
Casa de Todas y Todos.




Abril, 2020:

“Sólo quien ama con pasión a su pueblo,  puede odiar con la misma intensidad a quien le oprime: el imperialismo”.

Abril del 2020 es uno diferente a otros, tanto en México, nuestro país, como en el mundo entero. Vivimos el forzoso cambio de nuestra cotidianidad, nos vemos obligadas y obligados en adaptar formas de convivencia que no son las nuestras: vemos calles vacías, medios de transporte tan desabastecidos como los almacenes de abarrotes y víveres, histeria dentro de los hospitales; estamos limitadas de abrazar o dar la mano a nuestras amigas y conocidas; debemos abstenernos de nuestras reuniones para platicar o para celebrar cualquier acontecimiento pretexto para convivir, quienes pueden pagarlo, salen con cubrebocas y antibacteriales. Nos preguntamos: ¿La ficción rebasa a la realidad o la realidad rebasa la ficción?

Dentro de este
cuestionamiento, retomamos a Nestor Kohan, reflexionando sobre los contextos
inesperados: “¿Tendrán
por fin razón los preconizadores del “fin del trabajo” (Jeremy
Rifkin), el “agotamiento de la política” (Daniel Bell), el ocaso de
los “grandes relatos” (Jean-François Lyotard), el “fin de la
historia” (Francis Fukuyama), la opacidad de la
“forma-sindicato” (Toni Negri)? ¿Habremos llegado acaso al fin del
capitalismo senil?”.
Estás, son
preguntas, hacia las que aún no tenemos respuesta.

Sin
embargo, permanecemos nosotras y nosotros con perseverancia, como lo hemos
hecho por 50 años: resistiendo. Por eso, no dejaremos de escribir nuestras
efemérides para recordar a los compañeros y compañeras que nos dejaron
principios éticos y morales irrenunciables, ni de expresar la opinión de
compañeros que, aspirando a la colectividad, participan en el Grupo Editorial
con sus aportaciones.

En abril, conmemoramos el nacimiento de los compañeros Ricardo y Fidelino, quienes forman parte de la Lista de Ocosingo; además, del de la compañera Soledad, quien a los 24 años fue asesinada por el Ejército Federal en San Miguel Nepantla en 1974. Ella fue de las primeras compañeras en incorporarse como militantes profesionales a la organización madre Fuerzas de Liberación Nacional. Para recordarla, extraemos una semblanza del compañero Mario: “Porque para ella la revolución era sinónimo de amar. Sólo quien ama con pasión a su pueblo puede odiar con la misma intensidad a quien le oprime: el imperialismo. Amaba sobre todo a los niños, como si fueran propios…” [http://casadetodasytodos.org/editorial/abril-soledad-ricardo-y-fidelino/].

Abril es también el mes en que oficialmente se celebra el Día del Niño conmemorado en México cada 30 de abril desde el año 1924; instituido por la Organización de Naciones Unidas después de la Declaración de Ginebra en la se reconocieron por primera vez los derechos del niño (y las niñas, apuntamos); sin embargo, la aparición de la niñez en la Constitución se ha convertido en una celebración sin arraigo, ni repercusión, carente de historia.  Este día ha sido tomado por la mercadotecnia desmedida legitimándola como una celebración que se vuelve de consumo “obligatorio” a nivel nacional desde las escuelas, iglesias, instituciones e industrias que, oportunistas, se suman a las fechas registradas en el calendario publicitario para servir al mercado de la desigualdad, mercantilizando una etapa del desarrollo para reducirla al del consumo.

Ante
esto, nosotras mostramos otras preocupaciones sobre la infancia, la infancia
que crece hoy y que hereda las consecuencias de una sociedad de consumo que
conocemos bajo el imperio neoliberal, un mundo en el cual un 1% de la
población, integrada por dirigentes políticos, desde el Estado, la monarquía,
la iglesia, deciden el destino de la clase trabajadora, ejecutando políticas de
exterminio, dando prioridad a mantener la producción económica por encima de la
vida humana; lejos de la opulencia comercial que pueda significar, vemos los
niños y las niñas como humanos en desarrollo, conscientes de su entorno. Para
ello nos apoyamos en J.R. Ubieto con lo siguiente:

“La infancia no es un momento
cronológico, sino un tiempo lógico tal como mostró el psicoanalista Jacques
Lacan (1971). La infancia es un primer tiempo para mirar, un tiempo abierto a
lo inacabado, a lo que está por venir y por construir. Un tiempo también para
fracasar y aprender de los tropiezos. Un tiempo para las sorpresas y la
curiosidad. El saber que allí se explora, incluido por supuesto el saber sobre
el sexo, tiempo habrá de ponerlo a prueba más tarde, en el «despertar de la
primavera». Es un momento lógico necesario, decía también Freud (1981), para
formar aquellos síntomas y defensas, como el pudor, la vergüenza, los ideales,
con los que hacer frente a ese real que constituye lo más íntimo y propio de
cada uno. Es el tiempo en el que la sexualidad y la muerte se viven pero
necesitan ciertos velos antes de abordarlas directamente. Por eso no se puede
eliminar ese tiempo de latencia, en el que cada uno y cada una vamos
construyendo lo que será después nuestro modo singular de estar en el mundo.”
(2018; p.65).

Si las sociedades
capitalistas, bajo la cortina parental de la protección y de la vigilancia, son
el ejemplo tangible de la destrucción de los sistemas de protección social y
las garantías individuales, les ofrecemos nuestra nula confianza. Creemos que
han convertido las luchas de los derechos sociales ─como derechos laborales
para los y las obreras del mundo, la reducción de horas laborales y la
eliminación del trabajo infantil- en exigencias mancilladas por las políticas
neoliberales dentro del capitalismo mundial.

La visibilidad de
las infancias frente a un mundo desigual tuvo 
presencia desde el S. XVIII a partir de las sociedad industriales en las
que niñas y niños fueron sometidos y controlados -como en muchas partes lo siguen
siendo- para la satisfacción del capital ya sea desde el manejo de máquinas,
limpieza, servidumbre, entre otras. Y como bien dice Coriat (2008), estas
imposiciones forman parte de “las
primeras políticas burguesas sistemáticas de administración de la fuerza de
trabajo”
. Así se legitimó la desigualdad de la niñez quienes, junto a la
figura de la madre, forman el núcleo invisible del sistema, pasando como
figuras desapercibidas cultural y socialmente por medio del control, el
sometimiento y la desmedida explotación.

La imposición
dominante de la explotación y el utilitarismo al que se exponen las infancias
en realidades inhumanas de inequidad e injusticia social, han seguido el patrón
de convertir cuanto sea posible en mercancía, como el amor, el juego, la
recreación y especialmente lo que nos interesa en esta editorial, la
reproducción social; ya que consideramos que desde el nacimiento mujeres y
hombres, son convertidos en dóciles y homogéneos reproductores de la dominación
capitalista y patriarcal.

Para el sistema de
producción capitalista, toda etapa es importante para ideologizar a la
población y asignar la división sexual de los trabajos, de ello es evidencia la
distribución de las tareas de la vida cotidiana en roles, basta con pararse en
una tienda de juguetes para analizar el destino que desean para la infancia:
las niñas son el blanco de los productos que normalizan la idea de la
maternidad como único destino para las mujeres, así como las labores de cuidado
y crianza gratuita que esto conlleva, y los niños, en cambio, son educados para
la guerra y la competitividad. Los videojuegos, por ejemplo, normalizan la
concepción de que el ejército (estadounidense, generalmente) no solo es el
“bueno” sino que es con quien hay que organizarse para combatir. Bajo la mirada
imperialista, es desde la infancia que se edifica al soldado.

Dentro de la
modernidad se intenta que domine un aprendizaje normalizado y sistematizado
para los intereses de grupos de élite, políticos y económicos: aunado a la otra realidad reducida para las
infancias como la sobreprotección y la normalización de comportamientos y
modelos de hogar o familia que difícilmente pueden ser adoptados por las clases
obreras y trabajadora de servicios.

El reclamo de las y los que soñamos con las infancias no controladas es que erradiquemos la idea de un único plan para las niñas y los niños, y que formemos, a través del acompañamiento para la subsistencia en la vida, se incluya el vínculo de la palabra y la conversación. Fomentamos así, un acompañamiento diferente que nos haga responsables a todas las personas de una crianza colectiva, con el objetivo de que, al salir de la infancia y hacerse mayores, sean personas responsables, sin la tentación del parasitismo (dependencia objetos), la inhibición (saber, trabajo) o la violencia (auto/hétero).

El infante es,
cuando no el presente, la futura clase trabajadora que será oprimida para
sostener el sistema de producción. La práctica capital es considerar la infancia
como fuerza de trabajo en vías de desarrollo, y bajo esa óptica, se encuentra
el otro extremo: la vejez. Quienes ya brindaron su fuerza de trabajo y que
ahora, al no estar insertos en la cadena de productividad, viven el horror de
la “medicina de guerra”.  Sobrevive el
que va a continuar con las labores de vida, asistimos con desconcierto a la
crisis sanitaria.

Consideramos criminal la política
que reduce la dignidad humana para valorar un ser humano según su fuerza de
trabajo. Mostramos con un botón que basta para ver al capitalismo en su grotesca
expresión, por si quedara alguna duda, una nota de prensa de un diario español
reza: Multimillonarios de EEUU reclaman
la vuelta al trabajo aunque eso suponga que muera gente
– [http://www.eldiario.es//internacional/coronavirus-EEUU_0_1009649972.html]:

“Podemos traer gradualmente de vuelta a esas personas
y ver qué sucede. Algunos enfermarán, algunos incluso puede que mueran, no lo
sé-“

 dice uno de ellos. Y continúa, “los multimillonarios norteamericanos con
mucho dinero metido en fondos de inversión lo tienen claro: hay que volver al
trabajo cuanto antes y, si eso supone la pérdida de vidas humanas por el
aumento de contagios, ese es un riesgo que hay que asumir”.

La postura que esta
nota nos muestra, contrasta con los principios internacionalistas de países
como Cuba, que nuevamente brinda una lección moral, ética, social y humana al
mundo entero al enviar sus brigadas de médicos y enfermeras a diferentes países
como a Italia. Precisamente a la ciudad de Lombardía llegaron 52 especialistas
cubanos, tal como antes lo hicieron al apoyar la lucha contra el ébola en
África, el cólera en Haití y en el terremoto que afectó a miles de personas en
Pakistán y también lo hacen en China, en países como Venezuela, Granada,
Nicaragua, Surinam y Jamaica, solo por mencionar algunos.

Si aquellos que son
nuestros representantes, son los mismos que sirven al capital, que profundizan
la brecha de la desigualdad, que usan a los grupos vulnerables para producir
ganancias a su complacencia sin la mínima de ética, están en el lugar
equivocado. Se les reprocha explícitamente su falsa soberanía y se niega su
falso paternalismo protector. La crisis sanitaria actual hace visible la
división de clases y las políticas de exterminio de los grupos políticos en el
mundo. Los parques y las escuelas lucen como territorios fantasmas, no se mira
la ternura de la infancia en ningún lado.

 La vulnerabilidad de la vida, en todas las
etapas de desarrollo del ser humano, nos pone ante la urgente necesidad de
volver a considerar los paradigmas bajo los cuales nos organizamos como
sociedad.

CORIAT, Benjamin.
El taller y el cronómetro. Ensayo sobre el taylorismo, el fordismo y la producción
en masa. 14a ed. México: Siglo XXI, 2005. ISBN 968-23-1571-9.

Ubieto, J. R.
(2019). Los malestares actuales de las infancias. Revista Catalana de
Pedagogia, 63-87.




Editorial Marzo…

Mes de “Lucha”…

8 de marzo… Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

La historia se ha hecho con
fuerza y desde abajo, por eso es importante reivindicar desde la memoria; el 8
de marzo de 1857, miles de mujeres trabajadoras textiles salieron a las calles
de la ciudad de Nueva York con el lema “Pan y Rosas” protestando por la
miseria en la que sobrevivían y para exigir mejores condiciones laborales,
reivindicar el recorte de horario de trabajo y demandar el fin del trabajo
infantil.

 Medio siglo después, el 25 de marzo de 1911,
hubo un incendio en la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist, fallecieron 146
personas, 123 mujeres y 23 hombres, la mayoría jóvenes inmigrantes de entre 14
y 23 años. No pudieron salir del centro de trabajo, porque estaban
cerradas  todas las puertas de salida,
los patrones temían “el robo” de la mercancía por parte de los empleados.

En 1910 se realiza la 2ª Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas en Copenhague, Dinamarca, asistieron más de 100 mujeres de 17 países y se proclama el Día Internacional de la Mujer Trabajadora para reivindicar la memoria de lucha de las mujeres por su emancipación.

No
hay duda de que la fecha 8 de marzo, viene del dolor y la rabia de mujeres que
perdieron la vida, y es un deber recordarlas por su valentía para salir y
protestar. Las mujeres, han hecho valer su voz y han protestado para
transformar la historia.

Recordemos también la lucha por el derecho a votar, el derecho a ocupar cargos públicos, a trabajar, derecho a la formación profesional y a la no discriminación laboral, pues la mujer, por el sólo hecho de ser mujer, no aparecía, no existía en las acciones de la vida pública.  Para ser parte de la historia, las mujeres han luchado.

En 1908, mujeres trabajadoras inglesas  adoptaron como color el morado como signo de reivindicación, el color de la resistencia a los embates de las estructuras de explotación patriarcal y colonialista.

Entonces, no hay duda que
las mujeres tienen un pasado de lucha emancipador, un pasado de lucha de clase
y contra una estructura de élite, una lucha contra el poder económico y
político que ataca las condiciones de vida de la clase trabajadora, por siglos
las mujeres han sido las explotadas por los explotados, es decir, el eslabón
más vulnerado en la cadena de explotación capitalista.

 La lucha por la igualdad de derechos entre
hombres y mujeres, por una jornada laboral reducida a 10 horas y digna, por
salarios mayores y en igualdad al de los obreros, por el rechazo a la
explotación infantil y por la unión de trabajadoras para la conformación de
sindicatos, fueron algunas exigencias llevadas por las mujeres obreras, incluso
a costa de su propia vida. Justamente la lucha de la mujer se da, en el auge
del crecimiento industrial, de la expansión de capitales y de la consolidación
de la clase burguesa. Por eso consideramos fundamental no perder el continuo de
la memoria histórica, para no olvidar que tras cada paso que se avanza de
manera colectiva en la lucha feminista, tiene tras de sí el digno sacrificio de
las compañeras de la clase trabajadora.

Sus convicciones y organización ejemplar nos han legado la conciencia de lucha. Las mujeres somos reconocidas como sujetas de derechos, ejercimos (a costa de todo un aparato de poder) el poder votar y ser votadas, usar pantalón, trabajar, estudiar, heredar, leer los libros que sean, amamantar en público, casarte con quien quieras o no, ser deportistas, etc, y todo gracias a las luchas feministas.

No se puede decir que nada
ha cambiado, aún falta mucho camino y dignidad, pero los ejemplos de mujeres indómitas
han marcado los caminos hacia la transformación:

¡Vivan las Mujeres Rebeldes!

Madres de Desaparecidxs, Madres de Plaza de Mayo, Madres de los 43 Normalistas de Ayotzinapa, Las Patronas, Las Sufragistas, Mujeres por el Derecho a Decidir, Viudas de Pasta de Conchos, Las Panteras Negras,  Viudas de Sartaguda, Feministas Comunitarias, Comité Eureka, Mujeres Palestinas, Mujeres Kurdas, y demás ejemplos que falta mencionar y que seguirán gestándose.

La situación actual de las
mujeres continúa teniendo condiciones de explotación, precarización, división
sexual del trabajo, y  también vive en
medio de un ambiente de violencia machista desde los hogares, hasta cualquier
lugar del espacio público.

La división sexual del
trabajo,  ha relegado a las mujeres a las
tareas domésticas y a las labores del cuidado y la crianza bajo una concepción
de “naturalidad” en México. (Es común escuchar la frase “las mujeres a la
cocina”).

Los datos del INEGI en 2018, detallan que del total
de tiempo destinado al trabajo en el hogar no remunerado, fue realizado
mayoritariamente por mujeres, con un 77%, frente a un 23% representado por los
hombres.

Y la presencia creciente de las mujeres en la
espacio laboral remunerado fuera de su hogar, representa una Tasa de Trabajo
Asalariado en México, de un 43.7% frente a 56.6% que representan los hombres.
Es decir, se sitúa en una posición marginada a las mujeres padeciendo una doble
exclusión y explotación, dentro y fuera de los hogares.

La mujer, al realizar trabajo de cuidado y del
hogar, regala su fuerza de trabajo no a su pareja/marido/padre/familia, sino al
patrón(a). Porque el trabajador remunerado reproduce fuerza de trabajo mediante
la creación de mercancías, que serán intercambiadas en el campo económico,
mientras que quien está a cargo de los trabajos del hogar y de los cuidados sin
remuneración, con su trabajo repone diariamente gran parte de la fuerza de
trabajo de toda la clase trabajadora.

El tiempo dedicado al trabajo de los cuidados y el
hogar por parte de las mujeres, tiene impacto en su materialización económica,
ya que genera plusvalor, acumulación de capital, es decir ganancias monetarias
para el burgués, representando el 23.4% del PIB del México.

Del mismo modo la situación
de marginalidad de las trabajadoras del hogar en México que son remuneradas,
pero que carecen de derechos que dignifican a cualquier persona: pensión,
retiro, horario laboral digno, capacidad de convivir con sus familiares,
educarse, tener derecho al ocio, indemnización, vacaciones, aguinaldo,
seguridad social, etc. Las trabajadoras de los hogares (propios y ajenos) han
resistido las condiciones más injustas del poder neoliberal, la explotación, y
escuchar la frase: “es como de la familia” por parte de los empleadores, no
representa más que una ritual sin ningún sustento material, legal y ético.

Es por ello, que a causa de
la resistencia y valor de las trabajadoras de los hogares, se conformó en 2016 el
Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar (SINACTRAHO) https://sinactraho.org.mx/conocenos/. Buscando la defensa de
sus derechos humanos laborales, la no violencia, no discriminación por sexo,
género, raza, color de piel y de religión, la equidad, el valor social y
económico del trabajo del hogar remunerado, y seguridad social para el
mejoramiento de la calidad de vida de trabajadores y trabajadoras del hogar en
México. De esa manera visibilizar y alcanzar derechos que pertenecen a las
trabajadoras del hogar.

El salario ha organizado a
la sociedad capitalista, permitiendo crear condiciones jerarquías de género y
clase, porque al no ser reconocido económicamente el trabajo de las mujeres, el
capitalismo le dota de poder a los hombres, generando un control respecto a las
mujeres (Federici, 2018).

La explotación bajo el
sistema capitalista ha orillado a las mujeres a la esclavitud de la doble
jornada, derivado del costo elevado de la vida en el neoliberalismo. Obliga a
las mujeres a en un trabajo remunerado (salario para subsistir), mientras y al
llegar a casa, invierten su esfuerzo en las tareas de orden, limpieza, crianza
y cuidado.  Esta es una división
patriarcal, según la cual el patriarca tiene la capacidad y el deber de
desenvolverse en el ámbito público, mientras las mujeres continúan en las
tareas invisibles e inagotables de la vida en el hogar, en el cual además son
violentadas desde la infancia, la mayoría de las ocasiones por sus propios
familiares o personas cercanas, asunto que continua  hasta la vida adulta, porque son las parejas
amorosas quienes más violentan a las compañeras, como si por el hecho de ser
mujer sea sinónimo de ser propiedad anexa al servicio del hombre, del patrón.

Además de vivir en un lugar inseguro, se han construido “valores
femeninos”, que sostiene la idea de la familia, la maternidad y la dinámica de
acción al servicio de los demás, generalmente aprendidos en los procesos de
socialización sexista y clasista, teniendo consecuencias sociales, políticas y
económicas.

Las mujeres en el siglo XXI, así como las que antecedieron la lucha feminista siglos atrás desde los centros de explotación, desde la marginalidad de los hogares, seguimos demandando condiciones dignas de vida y la libertad de todos los pueblos, es necesario una transformación radical de las estructuras de género y  clase.

El 8 de marzo, es el día de la mujer trabajadora.

El 8 de marzo, es el día de
la mujer trabajadora. Así como antaño las mujeres escogieron el morado como
color reivindicativo, en la actualidad el verde, reivindica el legítimo derecho
que tienen las mujeres a decidir sobre su cuerpo. Sobre territorio y su tiempo.
 Es importante no permitir que ninguna
estructura de poder, robe a las mujeres trabajadoras su bandera de lucha, es
indignante que quienes nunca han apoyado a la libertad de la mujer de decidir,
ahora se manifieste a favor de la lucha feminista.

Nos queda claro que ni la iglesia, ni la derecha, ni los partidos políticos, ni las instituciones, ni los empresarios, ni  los patrones, ni los gobiernos neoliberales, nunca, ningún fascista ¡JAMÁS! podrán ser aliados ni mucho menos voceros de un grito que tiene eco desde hace años por el feminismo, porque no hay lucha más antisistémica que el feminismo.

Cada 8 de marzo recae en la
consciencia de las mujeres un llamado a la dignidad de la vida, a la libertad
plena para ejercer nuestros derechos y a un combate incesante contra el
capital.

Frente
a todos los agravios las mujeres desarrollamos todas las luchas, y todos
nuestros esfuerzos, siempre por la unidad, por una lucha combativa que forme
consciencia de clase.

¡MUJERES DEL MUNDO UNIDAS!

EFEMERIDES

En Marzo,
recordamos a la compañera Anita, quien consagró su vida a las causas de la
liberación de los pueblos, a la compañera Lucha, en sus innumerables facetas,
Lucha haciendo cuentas, Lucha cuidando animales, Lucha visitando obreros, Lucha
platicando con la vecina, Lucha enseñando, Lucha regañando, Lucha
protestando… pues también lo hacía.

También recordamos al compañero Alfredo, formador moral de muchos compañeros a través de su ejemplo y dejándonos importantes lecciones de ética revolucionaria al escribir los comunicados emitidos desde las montañas del sureste mexicano, enseñándonos en todos y cada uno de ellos, la importancia del compañerismo, de la crítica franca y oportuna y de la autocrítica; lo importante de la disciplina, discreción, de ser buenas militantes para formarnos como tales y sembrar en nuestros corazones, hasta morir si es preciso, la digna semilla del …

“¡Vivir por la Patria!” o “¡Morir por la Libertad!”.

Referencias

INEGI, (2020).
Trabajo No Remunerado de los Hogares. Retrieved 28 February 2020, from
https://www.inegi.org.mx/temas/tnrh/

Federici,
S., Catalán Altuna, M., Fernández Guervós, C., & Martín Ponz, P.
(2018). El patriarcado del salario.




Enero, siempre revolucionario.

(La fotografía fue tomada el 29 de noviembre del 2019 en la Explanada de los Héroes de la ciudad de Monterrey, N.L. por el fotógrafo Leonel Rocha.)

La denuncia a una sola voz que se hizo presente inicialmente en Chile, por parte de las mujeres del grupo de “Las Tesis”, representa la actualidad de una lucha histórica e  insumisa que se está desarrollando desde diversos frentes que atraviesan diagonalmente a la sociedad: artísticos, políticos, culturales, autónomos, indígenas, estudiantiles, académicos etc.

Las mujeres, mediante una
práctica política constante, han sido capaces de reconocer no solo a la cara
visible del capitalismo, la violencia sistemática, sino que además cantan la
composición del mismo: el capital, los jueces, los aparatos represivos, el
Estado, los presidentes. Todos estos son causantes de los feminicidios, las
violaciones y la impunidad que padecen las mujeres de nuestro país y el resto
del mundo, donde las relaciones perversas del sistema político y económico, en
conjunto con sus representantes antes mencionados, crean las condiciones
necesarias para que este camino de criminalidad hacia la mujer continúe a
perpetuidad; por lo tanto, deben ser denunciados, condenados y erradicados.

No es casualidad, ni tampoco resultado exclusivo de los medios digitales, que la denuncia presentada como performance con “Un violador en tu camino”, haya hecho eco y traspasando continentes. Es una acción dirigida hacia una sociedad jerarquizada, violenta, ampliamente desigual e injusta, que ha puesto a las mujeres como blancos históricos del capitalismo y es además una denuncia clara frente al machismo. Porque así como el Estado capitalista ejecuta el poder político desde un sistema eminentemente patriarcal, así también, tiene su necesaria continuidad en las prácticas del hombre en la sociedad, porque el hombre machista tiene tanto interés en establecer su dominio social [en paralelo con el Estado] sobre la mujer, que convierte cualquier contacto con ella en una muestra de dominación.

La voz que las mujeres
hicieron sonar en varios países del mundo, se desarrolla colocándolas como
sujetas de su historia y haciendo una revisión radical de los instrumentos del
Estado capitalista al que se han enfrentado por generaciones. Incluso, en esta
revisión radical, se cuestiona y rechaza la propiedad privada, porque desde
ésta se naturaliza y justifica la práctica social que coloca a la mujer como
mera propiedad del hombre, lo que ha significado su exclusión de un sinfín de
dinámicas y escenarios políticos, intelectuales, sociales y económicos.

En definitiva, las
resistencias de las mujeres para el siglo XXI, visualizan la reestructuración
de la reproducción social, económica  e
ideológica, como parte crucial para la transformación de las relaciones
sociales: la única forma efectiva de emancipación de la mujer atraviesa el fin
del Capitalismo en tanto régimen imperante. En este sentido, es indispensable
la radicalización de la lucha contra el Estado capitalista, por la miseria que
éste representa para las mujeres y hombres del mundo.

La libertad, para las
mujeres y hombres conscientes de esto, sólo es posible llevando adelante una
lucha dura, que demanda sacrificios y mucho esfuerzo. Un ejemplo de la
radicalización que mujeres en la historia de nuestro país es palpable en la
vida de 2 mujeres que lucharon contra la invasión norteamericana a la ciudad de
Monterrey en 1846: María Josefa Zozaya y María de Jesús Dosamantes.

En este contexto, presentamos a continuación una semblanza de ellas.

María Josefa Zozaya

Mujeres que participaron contra la invasión norteamericana a Monterrey
en 1846

La presencia de las mujeres
en resistencia a lo largo de la historia es prueba del desarrollo político que
han enfrentado, y que forjaron el camino para las mujeres que ahora cuestionan
el establecimiento del Estado capitalista e imperialista. Las valientes mujeres
que combatieron la invasión norteamericana a Monterrey en 1846, María Josefa
Zozaya y María de Jesús Dosamantes se puede conocer por el artículo publicado
en la revista Relatos e Historias en México, publicada en el año 2010 en su número 111:

María Josefa Zozaya

Originaria de Villa Real de
Borbón (que a partir de 1827 cambió de nombre a Villagrán), un pueblo ubicado
en los límites de Nuevo León a escasos 50 km de Linares, Josefa nació el 12 de
octubre de 1822 en una familia acomodada.

En el verano de 1846 ya soplaban los vientos de guerra que venían de la frontera hacia Monterrey. Las dificultades con Texas y la posterior admisión de ese territorio a la unión americana conducirían finalmente a la guerra de Estados Unidos y México. Los primeros campos de batalla se desarrollaron en la margen del Río Bravo.

Tras las derrotas de Palo
Alto y Resaca de Guerrero, y la evacuación de Matamoros, el ejército mexicano
conducido por Mariano Arista se retiró primero a Linares, Nuevo León, y luego
regresó a Monterrey.

Ante el inminente avance de
los norteamericanos sobre la capital nuevoleonesa, desde principios de junio de
1846 los regiomontanos comenzaron los trabajos de fortificación de la ciudad
que continuaron sin interrupción durante tres meses.

Se edificaron fortines en la
periferia, se levantaron murallas de contención, se cavaron trincheras en las
bocacalles, se construyeron parapetos sobre los techos de las casas y se
abrieron aspilleras o aberturas en las paredes para asomar los mosquetes de los
francotiradores. Todo esto causó expectativa y temor entre los habitantes de la
ciudad por los acontecimientos que estaban por venir.

El miedo de la población de
quedar atrapada en una batalla sangrienta provocó que algunas familias
abandonaran la ciudad. Muchos buscaron refugios en sus fincas, en los
alrededores o con familiares en otros poblados. Pero a pesar de tener la
oportunidad de marcharse a Villagrán, Josefa Zozaya tomó la decisión de correr
la suerte de los habitantes de Monterrey que decidieron enfrentar al enemigo y
con sus hijas permaneció en su casa para enfrentar la situación, cualquier que
esta fuera.

Su casa formó parte del
último recinto defensivo del plan de combate del General Pedro de Ampudia,
comandante del ejército mexicano, y fue ocupada con tropas, ya que desde ahí se
podía dominar el paso de varias calles…posesionado de algunas calles contiguas
a la plaza principal, varias compañías de rifleros de Mississippi, armados con
sus rifles Whitney de cañón rayado, abren fuego desde la parte alta de los
edificios. Los soldados mexicanos, apostados en las azoteas aledañas, también
desde la casa de Josefa Zozaya responden al tiroteo y el combate se generaliza
por entre los techos.

Las batallas silban, caen como granizo y rebotan en los muros de sillar de los parapetos. Las municiones se consumen y es necesario pertrechar a las tropas. Es en ese punto que aparece mencionada Josefa Zozaya por Guillermo Prieto, como si tuviera una cita con el destino, y que, con valor y determinación enfrenta su momento sin imaginar que con este acto pasará a la historia. Ante el riesgo de perder la vida. Josefa sube a la azotea y desdeñando la mortal precisión de los “Rifles Mississippi”, lleva pólvora y balas a quien las necesite, lo que entusiasma a los combatientes.

María de Jesús Dosamantes

Cuando el ejército norteamericano estaba ya casi a la vista de Monterrey, la señorita María de Jesús Dosamantes se presentó ante el general Pedro de Ampudia, comandante de la plaza, con un uniforme de capitana y montada a caballo, dispuesta a pelear contra los invasores. Ampudia comunicó oficialmente al ministerio de guerra: “le encargué que recorriese toda la línea para que la vieran todos los cuerpos que componen este ejército”.

A pesar de que su
participación es la más documentada de entre las mujeres que participaron
activamente en este episodio, su origen posterior de destino se desconoce. El
historiador Israel Cavazos sugirió, en su diccionario biográfico, que muy
probablemente ella hubiera llegado a Monterrey con las tropas de refuerzo antes
de la batalla y seguramente partió con ellas después de la capitulación de la
ciudad. Si esto es cierto, también es probable que hubiera asistido en la
siguiente gran batalla, la de La Angostura, en febrero de 1847, en territorio
de Coahuila, en la cual se enfrentaron los ejércitos de los generales Antonio
López de Santa Anna y Zachari Taylor.

Muchas otras han quedado en
el anonimato, pero que sin duda alguna construyeron la consciencia colectiva
con grandes determinaciones frente a la opresión de cualquier Estado, gobierno,
institución injusta en el mundo. Para todas ellas, nuestro reconocimiento y
para las que han seguido su ejemplo insumiso e insurgente frente a las
hostilidades del capitalismo, abrazamos sus luchas!!!

Este enero del año 2020 recordamos con tristeza a nuestras compañeras y compañeros caídos, heridos, torturados y presos por décadas de antes y después de 1994. El 1 de enero perdimos también a valientes compañeros insurgentes en las montañas, y recordamos con especial cariño y respeto a nuestro querido Co. Subcomandante Insurgente Pedro. Él fue militante desde 1979 y consciente de su actuar hasta el día de su muerte. Pero nuestra lucha no se detuvo y en los hechos, la Declaración de Guerra hecha al poder ejecutivo, al ejército del estado mexicano, y por ende al imperialismo que los apoya, fue aprobada un año antes, en otro enero, 1993, por los compañeros pertenecientes a las FLN. Así se dio inicio, tras 25 años de trabajo clandestino, el levantamiento armado del 1 de enero de 1994.

¡Vivir por
la patria! o ¡Morir por la libertad!

Grupo
Editorial de la Casa de Todas y Todos




Editorial Septiembre, 2019

Septiembre… Mes de “informe y cuentas claras”??? o Mes de lucha y búsqueda de caminos que conlleven a cambios reales…???

Nos llega septiembre del 2019 por primera vez con un
gobierno que se dice “diferente” como ya otros presidentes en turno a lo largo
de la historia se han presentado.

Anuncia, con bombo y platillo…. Informe de gobierno.
Estemos atentos y como siempre críticos a lo que en ésta ocasión “informe” a la
nación. Nación con miles de ausentes y otros tantos cuerpos sin identificar.
Con estados de la República que destacan no por sus avances académicos, sino
por la cantidad de entierros clandestinos que se han encontrado. País que sigue
esperando una transformación, ni siquiera una 4ª… pues no podemos hablar de que
se haya conquistado una genuina independencia cuando viven nuestros pueblos
asolados por los poderes imperialistas.

El informe presidencial por años (desde la
Constitución de 1824) presente en la historia de nuestro México, a manera de
ritual, un protocolo que ha “evolucionado” o que más bien se ha ido adaptando a
las diferentes situaciones que vive nuestro país.  Que inició siendo casi estilo “monárquico”
donde los presidentes en turno desde Porfirio Díaz, pasando por el traidor
Carranza se “arropaban” no sólo de políticos sino también de empresarios,
jerarcas de la iglesia y dueños de los medios de comunicación.

“Informe” que fue aumentando su contenido en
cuartillas, los informes de Porfirio Díaz eran breves, el de 1910, tenía sólo 3
cuartillas. Madero lo aumentó a 21 páginas y en todos ellos se decía que el
presidente en turno contaba con el apoyo del pueblo quien elegía a sus
representantes con “entera libertad”.

Desde Plutarco Elías Calles les preocupaba a los
políticos convocar a un nuevo pacto social. Urgía poner fin al caudillismo para
pasar a lo institucional y el informe sirvió para eso, junto con otras cosas,
para ungir un país de instituciones, un país “en paz”, listo para la llegada de
los capitales extranjeros a “invertir” en nuestro país, para marcar la
diferencia del nuevo régimen en comparación con el sexenio anterior quienes
fueron los malos, los corruptos, los “malos mexicanos” pues ahora tocaba a un
nuevo gobierno quien corregiría las cosas mal hechas en el sexenio anterior.

Para “orquestar” todo lo anterior, ya en 1982, el
desarrollo de la democracia liberal en México nos trajo las “interpelaciones” y
actos de protesta, dentro y fuera de San Lázaro, prueba de que ya todo era
supuestamente distinto.

El desprestigio de la clase gobernante llevó a cierto “ocaso” en el formato de los Informes, y en el año 2005 fue la última vez que el informe se celebraría en San Lázaro, pues al año siguiente –en el contexto del fraude electoral- las condiciones adversas se veían apabullantes y el gobierno panista prefirió “refugiarse”, “protegerse” y buscar las reformas adecuadas a la Constitución para que ya no sea el presidente quien entregue el informe al congreso sino los secretarios de gobernación; y no sólo eso se establecieron desde entonces sedes “ad hoc” para evitar el “desorden” provocado por el descontrol entre la propia clase política: Auditorio Nacional, Museo de Antropología e Historia, y ahora Palacio Nacional. 

No perdamos de vista el horizonte, por este ardor que
tenemos frente. Mientras el gobierno, y el Estado en su conjunto, responda a
los intereses reales del desarrollo capitalista, los pueblos no hallarán en
esas instituciones los instrumentos de su genuina liberación; a lo más, habrán
paliativos, beneficios de mediano y corto plazo, que pueden resultar
refrescantes en muchos miles de hogares y que pueden causar escozor entre el
sector más reaccionario, rancio y vendido del empresariado y su clase política.
Pero ahí estarán, pendientes, observando el modo de retornar. Y, por otro lado,
no estará distante el sector del  empresariado que quizá ve con buenos ojos, o
es indiferente a las políticas sociales de este nuevo gobierno. Y el gobierno
podrá hablar de grandes transformaciones, de cambios de régimen, pero si su
interés es reposicionar al país en el contexto mundial del capitalismo, para
los pueblos finalmente sólo habrá mayor explotación, continuidad al despojo y
en suma, el fortalecimiento del control imperialista sobre nuestro destino
colectivo.

Y los motivos para organizarse y continuar la lucha,
seguirán ahí, presentes.

Efemérides.

En septiembre recordamos a nuestra compañera Lucha, quien
muere en éste mes; a la compañera Ma. Luisa y el compañero Mario que nacieron
en septiembre y que nos dieron grandes lecciones de humildad, compañerismo.

De nuestro compañero Mario extraemos algunos párrafos de la investigación realizada en los años 80’s, aparecida por primera vez en nuestro periódico Nepantla 13 (1981) “Nada es gratuito en la Historia” y que refleja su firmeza y convicción revolucionaria, su amor y confianza en que nuestro pueblo no se equivoca, que es sabio en su toma de decisiones:

(…)

“Para los que en México queremos hacer la revolución, cumpliendo el imperativo de nuestra generación, es imperativo también conocer la obra política de los atacantes del cuartel Madera.  Esto se vuelve más importante en el momento en que la confusión política provocada por las fuerzas de izquierda, que se han sumado sin pudor al presupuesto oficial y abandonan todos sus proyectos -si es que los tuvieron- de independencia de clase, desviando a las masas de la comprensión de su misión histórica.  Se hace necesario abordar el estudio de la obra política de Gámiz en momentos en que las concepciones de la violencia revolucionaria en nuestro país han sido rebajadas a la simple negación de la teoría científica de la revolución por quienes considerándose herederos políticos de los revolucionarios de Madera, han confundido la actividad político revolucionaria con el simple “echar bala” o con matar a un agente de crucero para obtener un revólver, etc., desconociendo -y negando de hecho- lo fundamental de las concepciones políticas sobre la liberación nacional en nuestro país que sustentaba el profesor Gámiz.

Ni locos, ni suicidas, ni mártires.  Mártires los cristianos que se inmolaban en el circo romano, suicidas los kamikazes japoneses; locos, Hitler y Mussolini.  El revolucionario no es suicida ni ama a la muerte.  El revolucionario aspira a vivir para transformar las condiciones de vida miserable de su pueblo y si para lograrlo es necesario entregar la existencia, gustoso la da para que el pueblo siga viviendo.

El pueblo mexicano en su lucha por el pan y por la tierra, por la solidaridad internacional y por el libro, por la defensa de las libertades políticas ha sido muy generoso en la entrega de mártires sacrificados en el altar del capitalismo.  Jaramillo y su familia fueron asesinados, Román Guerra Montemayor fue asesinado, cientos de obreros y campesinos han sido reprimidos por el estado mexicano.  En todas sus luchas el pueblo siempre estuvo desarmado en tanto que el enemigo de clase siempre estuvo armado y por ende a la ofensiva.

Hasta el 23 de septiembre de 1965 la ofensiva estuvo siempre al lado de los opresores; el pueblo siempre actuaba a la defensiva ofreciendo el pecho a las bayonetas.  A partir de esa fecha supo el estado mexicano que el pueblo ya no estaba más en disposición de servir de silueta de tiro al blanco de los soldados.  Nuevas experiencias guerrilleras surgieron después en todo el país:  Genaro Vázquez y la ACNR, Lucio Cabañas y el Partido de los Pobres; distintas y efímeras organizaciones que nacieron al calor de la represión desatada por el régimen contra los estudiantes en 1968 y el 10 de junio de 1971; hasta culminar con la aparición, vida y ocaso de la LC-23-IX que adoptó ese nombre en pretendido homenaje y continuación de la obra de los revolucionarios de Madera.

El revolucionario caído no necesita de apologías para recordar su memoria.  Sus obras y sus concepciones políticas lo hacen vivir.  Para comprender el quehacer revolucionario de quienes por primera vez en la historia del proletariado mexicano emprendieron el camino de la liberación nacional empleando la violencia revolucionaria armados antes que nada de la teoría científica de la revolución; tenemos obligación de estudiar su pensamiento, sus concepciones sobre la lucha de clases en nuestro país, sobre las relaciones de la situación nacional y la internacional; tenemos que estudiar la crítica despiadada que hicieron de las enmohecidas organizaciones de izquierda a las que premonitoriamente calificaron como propensas a ubicarse en lo que hoy conocemos como “reforma política”, sus planteamientos organizativos y las previsibles maniobras intervencionistas del imperialismo yanqui en nuestro país.

Los textos que ofrecemos fueron escritos por el Profesor Arturo Gámiz García, dirigente de la Guerrilla de Chihuahua, precursora del movimiento revolucionario en nuestro país.  Fueron elaborados en octubre de 1963 y febrero de 1965 durante los “Encuentros en la Sierra” y publicados en forma de “Resoluciones” y “Dictámenes” por Ediciones Línea Revolucionaria, teniendo una circulación clandestina.

El rescate del pensamiento revolucionario del profesor Gámiz no tiene como finalidad relatar la historia.  Su finalidad es aportar un material ideológico de importancia fundamental para la lucha de clases en nuestro país, que nos permita esclarecer la actividad revolucionaria de nuestro pueblo en la tarea que le corresponde a nuestra generación en este fin de siglo;  Construir la historia de la liberación definitiva de nuestro pueblo.”

(…)

Invitamos a leer el artículo completo “Nada es gratuito en la Historia” en el libro “Dignificar la historia” III. Cruce de caminos: Luchas indígenas y las Fuerzas de Liberación Nacional (1977-1983)”,  en la página 80.

¡Vivir por la Patria! o ¡Morir por la Libertad!

Grupo Editorial de la Casa de Todas y Todos




1 de julio 2019 – 230 años

Estas son, las mañanitas, que
cantaba el rey David…

a los jóvenes valientes se las cantamos aquí……

Despierta Xavier despierta……!

Julio sigue siendo el mes de los inicios….

Cuando en Otano inicia el nuevo día, en México anochece.
Para nosotros que no olvidamos, sentimos como propia la lucha de los pueblos
por su liberación.

Ese sentimiento nace del ejemplo de otros más antiguos
en el caso de México, 2 héroes de la Patria que unieron la historia para que
hoy podamos llamarnos hermanos mexicanos. Xavier Mina, Fray Servando y se
cuentan hasta 300 combatientes convocados por ellos para ir a luchar en tierras
lejanas para acabar con el imperialismo, ese que desprecia y encadena, nos
suena tan actual, aunque sea otro.

Estamos sin duda en deuda con el pueblo navarro, somos
hermanos en el amor y en el dolor. Debemos ayudarnos sin buscar obtener
ventajas mezquinas, conocer nuestras historias, respetarnos, ser consecuentes
con lo que se dice y se hace. En fin, hacer todo lo que nos une y nada de lo
que nos separe. Existe una gran cantidad de actividades que debemos procurar
realizar en conjunto hoy navarros y mexicanos. Debemos unirnos primero
utilizando los medios modernos de comunicación y después en vivo, todos
aportaremos los puntos de vista de su entorno y encontraremos nuevas rutas que
constituyan los puentes necesarios para ser felices. Ese sentimiento tan
antiguo y tan actual no debe terminar nunca.

Felicidades hermanos navarros!!!!

Gora Mina!!!!

En julio de 1971 el gobierno de Luis Echeverría se
entera de la existencia de la organización 
Fuerzas de Liberación Nacional. 
En  julio, hace 19 años ya, se
inaugura la entonces “Casa del Dr. Margil”, que fue vandalizada y  hoy reconstruida como  Casa de
Todas y Todos
; y en el julio de hace 6 años se inicia el trabajo de
nuestra “página web”.  Con distintos
trabajos y en distintas épocas, y  ya muy
cerca de completar los primeros 50 años de labores “anti-imperialistas”, el
trabajo continúa, y –como no nos cansamos  nunca de decirlo, no debemos equivocar al identificar
al “enemigo”, es ese mismo que ahora presiona no sólo a nuestro país México,
sino a toda América Latina. Citemos al  Ché quien bien lo dijo en su Mensaje a los
pueblos del mundo a través de la Tricontinental….

“América constituye un conjunto más o
menos homogéneo y en la casi totalidad de su territorio los capitales
monopolistas norteamericanos mantienen una primacía absoluta. Los gobiernos
títeres o, en el mejor de los casos, débiles y medrosos, no pueden imponerse a
las órdenes del amo yanqui.”

En éste Julio recordamos al compañero “Héctor” quien nació en éste mes.  Él y Mateo (Alfredo) supieron defender, con las armas en la mano a su organización, al ser descubiertos por los enemigos del pueblo en la ciudad de Monterrey. No podía ser de otra manera.  Años después Héctor y el compañero Manuel fueron los primeros en llegar a la selva a sembrar la semilla para formar un ejército. Sólo dos compañeros quienes iniciaron ese trabajo, hoy somos miles. Tiempo después “Héctor” con cuatro compañeros más y la compañera “Murcia”, cumpliendo con su labor anti-imperialista, desalojaron a los espías del “Instituto Lingüístico de Verano” de su campamento en la Selva, en la Laguna del Ocotal para ser precisos. Esa es la verdad histórica, la única verdad, no hay otra, aunque se pretenda ocultarla. 

Nuestra organización política no basa su desarrollo en
coyunturas, nacimos defendiendo a nuestro país del imperialismo y eso no ha
cambiado. Se dijo hace 50 años “los
errores son nuestros, la victoria es ya de nuestro pueblo”
.  Felicidades a todos aquellos dispuestos a no
dejarse controlar.

Adelante!!!!

¡Vivir por la patria! o ¡Morir por la libertad!

Recordando a Héctor y a Mateo, transcribimos un
testimonio aparecido en las páginas de nuestro periódico NEPANTLA No. 6  de julio de 1979, denominado “El bautizo de
Fuego”, donde se narran los acontecimientos:

LOS ACONTECIMIENTOS

En la
primavera de ese año se ocupó la casa. Comenzó en seguida a funcionar como
lugar de reunión, bodega y chochera –garage- las armas no se almacenaban ahí,
pues la casa se quedaba sola.

La Ca. Reneé (Murcia), era la única mujer que podía asistir ahí. Lo hacía eventualmente y por lo mismo los escasos vecinos que había no la identificaban como su habitante; sólo veían el número de autos que llegaban y salían.

Era la
clásica casa de colonia de clase media; el terreno tenía 12 metros de frente
por 20 de fondo, únicamente colindaba con otra construcción por su lado
oriente, al fondo, y por el lado poniente había terrenos baldíos; al frente había
un pequeño jardín flanqueado por la cochera que desembocaba en la puerta de
entrada principal a la sala-comedor; a un lado del comedor, la cocina con una
puerta que comunicaba hacia un patio de servicio y una salida lateral a la
cochera y a la calle entre la cocina y el comedor un baño y junto a él 2
recámaras con roperías.

Se procuró conseguir una sala para que llenase el espacio de aquel enorme cuarto de entrada. Los demás cuartos estaban casi vacíos, solo había un catre, una mesa para trabajar, algunos libros, cobijas y ropa para el Co. Mateo (Alfredo) que era quien la ocupaba y eventualmente algún compañero profesional que acompañaba al Co. Pedro en sus viajes a la zona centro del país.

En el mes de junio, llegó el Co. Pedro acompañado por el Co. Pepe (Héctor) quien tenía la misión de aprender a volar para obtener su licencia de piloto aviador, por lo que pasaría varios meses en esa casa. El Co. Pedro pasó unos días ahí, regresó al cuartel general que estaba en Puebla, pues estaba preparando la subida al monte de un primer grupo de compañeras y compañeros ya que en ese mes de julio se produjeron las primeras incorporaciones femeninas a nuestras filas profesionales.

El
desarrollo de nuestra organización era acelerado en aquellos días y por lo
mismo exigía aprovechar al máximo la obtención de recursos por vías legales.
Cuando nuestra heroica Ca. Soledad se integró como militante profesional,
propuso obtener una dote que un tío rico le había prometido para cuando se
casara, por lo que se montó una bien orquestada trama que culminó con su
“casamiento” con un Co. nuestro, emprendiendo después del “casamiento” la
graciosa huida con la dote de por medio.

A mediados de julio llegó a Monterrey el Co. Pedro en compañía del Co. Elí, que le servía de chofer, ya que él no sabía conducir. El día 19 de julio, nuestro Co. Pedro estaba en compañía de sus hijos y esposa esperando al Co. Mateo (Alfredo) quien debía pasar a recogerlo a las 19:30 hrs. Ahí estaba yo acompañando a una Cra. urbana que había ido a entrevistarse con otro compañero responsable. Al no llegar el compañero Mateo a la hora indicada, comenzó la natural preocupación ya que era sumamente puntual, además de que había teléfono para avisar si la causa de su retraso fuera por motivos fortuitos.

A las 20:00 hrs. el Cro. Pedro me dijo: “lleva a la compañera a su casa; aprovecha para observar por fuera la casa de Mateo y me avisas si ves algo raro”. Nos despedimos y me encaminé a la colonia Lindavista, que era donde se encontraba la casa de seguridad.  “Aproveché” el tiempo para presumir con la compañera de mis dotes de “agente 007” parodiando las frases que utilizan las series de televisión. Recuerdo que instantes antes de llegar a la esquina para dar vuelta, ya que a 30 metros de ahí se encontraba la casa, iba yo diciendo: “cuando hay una labor complicada generalmente recurren a mi, o a alguien como yo; mi nombre es John Drake”. Mal acababa de pronunciar esas palabras cuando distinguí la casa; estaba con las luces encendidas y los dos autos pertenecientes a nuestra organización estacionados, uno en la calle y el otro dentro de la cochera. Todo parecía normal, avancé unos 15 metros más y se me helaron las palabras en los labios; a 15 metros había un sujeto de complexión robusta, tirado a media calle retorciéndose en el suelo con una pistola revolver calibre .38 de cañón corto en la mano derecha. Para mí ya no había duda de lo que pasaba; tenía 15 metros y un auto a una velocidad de 40 Km. por hora para tomar una decisión; o atropellaba a aquel esbirro y sacaba mi pistola para entrar a la casa, o pasaba sin detenerme para avisar al Co. Pedro; tomé ésta última determinación. Avancé unos 50 metros y me detuve junto a una señora que nerviosa se asomaba a la calle a quien le dije sorprendido: “oiga, señora, ahí a media calle hay un hombre tirado, parece que lo atropellaron”. Ella me respondió impresionada: “no está atropellado, se oyeron muchos balazos”. Ya no había duda alguna; tenía que cumplir con mi misión: avisar al Co. Pedro y ponerlo a salvo. Enfilé a toda velocidad a mi casa donde tenía teléfono y llegué en tiempo record. Segundos después de mí entraron los Co. Mateo (Alfredo) y Pepe (Héctor) sentí un gran alivio; acababa de avisar en clave al Co. Pedro que saliera del lugar donde estaba y camina hacia otro sitio. También avisé al Co. colaborador que nos rentaba la casa para que actuara en consecuencia a lo acontecido. En medio del nerviosismo general proporcioné ropa a los compañeros y me dirigí a recoger a nuestro Co. responsable que esperaba tranquilo en la esquina señalada con un maletín pequeño en la mano.

Ya con más calma el Co. Mateo (Alfredo) nos platicó lo acontecido: a eso de las 18:00 tres tipos habían tocado a la puerta. Del se asomó sin ser visto y alentó al Co. Pepe (Héctor) quien empuñó una carabina M-1 y se parapetó detrás de una puerta donde cubría la entrada en caso de que pretendiesen entrar por la fuerza.  El Co. Mateo (Alfredo) sacó su pistola calibre .45 y se la colocó en la bolsa trasera del pantalón para que no le hiciese bulto en la cintura, entreabrió la puerta y preguntó que deseaban a los sujetos identificándose éstos como agentes federales y que tenían éstos la denuncia de que ahí se hacían movimiento raros y presumiblemente se traficaba con drogas, pidieron que los dejasen entrar a revisar o que, repartiesen la droga en caso de llegar a un acuerdo ahí mismo, o que los acompañaran al ministerio público a declarar. Traían un acta donde aparecían todas las placas de los vehículos que llegaban a esa casa, por lo que todos nuestros autos estaban “quemados”. La decisión del Co. Mateo (Alfredo) fue la más acertada: ganar tiempo para que obscureciera e intentar la salida atacando a los esbirros por sorpresa; todo esto antes de que el Co. Pedro mandase a alguien a investigar por el retraso.

Ahí mismo el compañero Mateo (Alfredo) se identificó con los policías también como policía; los hizo que confiaran y los cebó con repartir el botín, lo cual tenían que consultar con su jefe, un esbirro que acompañado de otros esperaba tranquilamente en su vehículo. Así comentaron tres horas de regateo, los esbirros le preguntaban con qué mafia de traficantes trabajaba él, pues era fácil comunicarse con ellos, para llegar a un arreglo. Se manejaron cifras estratosféricas de millones de pesos en drogas y se hacían recesos para consultar a sus “jefes”, lo que aprovecharon los compañeros para planear su salida. Revisaron la parte posterior de la casa y ahí había un esbirro cuidando, otro por un costado de la casa y tres al frente, uno de ellos exactamente frente a la cochera. Nuestros compañeros prepararon las armas. Lo apremiante de la situación no impidió a Mateo (Alfredo) ni Pepe (Hector) despedirse fraternalmente por si ya no se volvían a ver, y a las 21:00 salieron por el frente. El esbirro que cuidaba la salida levantó su arma pero fue puesto fuera de combate por tres disparos del compañero Mateo (Alfredo). Ambos compañeros corrieron para cruzar la calle resbalándose Mateo por la prisa, pero el resto de los esbirros ya no querían saber nada. ¡Necesitaban refuerzos! y ya no lo siguieron, se limitaron a pedir ayuda acudiendo un centenar de policías de todas las que padecemos intimando a rendirse a una casa vacía y después prácticamente la incendiaron pues lanzaron granadas.

Entre
tanto, nuestros camaradas habían llegado a una calle situada atrás de la casa
cruzando un terreno baldío. Y ya en la calle, el Co. Mateo con sus habituales
buenos modos (pero con su arma en la mano), pidió a un automovilista que por
favor les permitiera usar su auto, a lo que el aterrorizado conductor accedió
sobresaltado por un disparo que el compañero lanzó al aire.

Nosotros teníamos que aprovechar las horas de la noche para cambiar el armamento del escondite en que se encontraba y guardar los vehículos “quemados” para no ser localizados. Avisamos a la Cra. Reneé (Murcia) y al compañero Elí para reunirnos en un terreno que habíamos acondicionado como refugio para utilizarlo en situaciones como la que estábamos pasando.

El Co.
Pedro avisó telefónicamente al Co. Salvador lo que había sucedido y le ordenó
viniese a recogernos; pero el domicilio a donde fueron el Co. Salvador y el Co.
Jesús la noche siguiente para localizarnos estaba también vigilado habiendo
casi un nuevo enfrentamiento produciéndose la persecución de ambos compañeros
por las calles de la ciudad. Pero afortunadamente habían recibido el mensaje
para que se marcharan.

A la
tercera noche cambiamos las placas de los vehículos que teníamos y salimos a
las dos de la mañana con las armas largas y unas 10,000 balas rumbo al centro
del país. El viaje se efectuó sin novedad, contrastando la serenidad y
criterios de nuestros compañeros Pedro, Mateo y Pepe pues para entonces nuestros
nervios estaban agotados.

Los días que siguieron a los acontecimientos del 19 de julio fueron la intimidación y terror para los familiares de los compañeros identificados; el Co. colaborador que había rentado la casa arregló papeles para justificar la renta de su casa a una mujer “X”, pero sobre estimando su habilidad salió de la ciudad para arreglar asuntos pendientes que tenía en Nanchital, Ver., dejando a su secretaria en la oficina. La policía presionó a ésta pobre muchacha hasta que confesó que el licenciado le había rentado la casa a uno de nosotros y no a la supuesta mujer. La policía lo aprehendió en Veracruz y lo condujeron a la ciudad de México en donde el jefe de la Dirección Federal de Seguridad le dijo : “no vamos a batallar mucho” y le puso una pistola en la sien; ahí mismo, se declaró culpable.

Estuvo
preso unos meses, pero recuperó su libertad condicional baja fianza al
convencer al juez de su mínima participación (y alguna, no tan mínima,
gratificación).

El balance de los acontecimientos los hizo la propia dirección de las F.L.N. en aquel mismo mes, en comunicado emitido al respecto. Con la incorporación de nuevos compañeros en las filas de cuadros profesionales se cumplió la meta señalada a fines de ese año, se reinstalaron todas las casas de seguridad que se habían dejado en distintas ciudades del país. Se había sabido proceder acertadamente en aquella primera prueba de fuego: Se había logrado convertir la pérdida en victoria.




Junio 2019, entre mayo y abril.

Editorial

Los
mexicanos estamos viviendo una etapa triste en nuestra historia, consiste en  una situación de guerra no declarada en contra
de nuestro pueblo, con un terrible y creciente saldo de muertos, heridos y desaparecidos.
Es una realidad trágica encontrar tumbas colectivas que las autoridades
pretendan solo achacar a bandas de delincuentes organizados.

Quienes
vemos en la historia el método científico para obtener respuestas a los
problemas sociales sabemos que la violencia, el caos, el miedo y la muerte son consubstanciales
al sistema imperialista, y que no existe un capitalismo con rostro humano.

Nosotros
entendemos que mientras el imperialismo exista los pueblos resistirán, y que
harán hasta lo imposible para impedir que aplaste a los pueblos.  En el actual sistema  mundial denominado neoliberalismo (el imperio
en su etapa postmoderna) administra la crisis y el caos, crea acciones y
narrativas de terror y miedo que operan impunemente tales como el narcotráfico,
la trata de personas, el saqueo de los recursos naturales, el control de
salarios siempre mal pagados, aranceles injustos del libre comercio, y toda esa
gama de cadenas de sujeción a las que nos atan. Y este es el caso de México de
hoy.

Pero como
en toda guerra, es necesario entenderla. Debemos primero buscar el objetivo o
fin de ella. Para los imperialistas el objetivo estratégico de la guerra será
siempre imponer su voluntad a al enemigo, es decir superarlo en número y en
armas dentro de un espacio determinado, denominado campo de batalla.  En cambio las guerras que los pueblos
emprenden, obligados por las circunstancias, para liberarse de algún extraño enemigo, el objetivo será
siempre la continuidad de la política por otros medios, la lucha político-militar,
que el pueblo entiende, y apoya o respalda, aun cuando los insurgentes sean superados
en armamentos o tecnología. De ahí precisamente surge la consigna que abraza
esta resistencia popular, “el pueblo unido jamás será vencido”, y que con el
paso del tiempo y la historia se convierte en algo real.

Para
entender mejor la dicotomía histórica de la guerra en que estamos envueltos
veamos  dos fechas emblemáticas, el mayo
8 de 1945 cuando la Alemania Nazi se rindió ante su fracaso militar, y el 30 de
abril de 1975 cuando cayó Saigón, Vietnam,  entonces en poder de los Estados Unidos ante la
ofensiva del ejército popular, que los derrotó poniendo en práctica una línea
política correcta; dos ejemplos paradigmáticos, y así podríamos encontrar
muchos otros en la historia de los pueblos.

Aclarado
el objeto de la guerra y la política en favor del pueblo, debemos analizar las
medidas tomadas por nuestro gobierno mexicano, que un día dice que la política
es la solución a la violencia y al otro nombra a militares para que pacifiquen
al país, aumentándoles sus sueldos, y prestaciones, tratando de convencernos
que ellos son un grupo de jóvenes “scouts”, incapaces de alguna maldad, e
interesados solo en mejorar nuestras policías.

Pero
nosotros no olvidamos, hace 50 años, los pueblos del mundo vieron que los
jóvenes se manifestaron en contra del imperialismo, el militarismo y la guerra.
En mayo del 68 una onda expansiva recorrió el mundo con diversos resultados, y México
no fue la excepción, mujeres y hombres jóvenes se decidieron a luchar. Ellas y
ellos no tenían más que perder que las cadenas aun hoy existen.

Hay mucho
por hacer todavía, las cosas parecen que cambian,  pero no cambian, todo se vuelve grisáceo, la
mentira se propaga, sin embargo no podemos equivocarnos sobre quiénes y cuáles
son los enemigos de nuestro pueblo. Siempre hemos dicho eso, y con el ejemplo
de nuestros compañeros que hoy recordamos en este mes de junio, reafirmamos
nuestro compromiso antimperialista 
enarbolado desde la guerra de independencia de….

“¡Vivir por la Patria! o ¡Morir por la Libertad!”

Efemérides

En Junio
se encuentra la fecha que ¡NO SE OLVIDA!, el día 10, Jueves de Corpus de 1971, donde
ya hace 48 años estudiantes que se manifestaban en las calles de la Ciudad de
México fueron asesinados. Una manifestación pacífica donde los participantes no
llevaban armas, no llevaban palos, simplemente se manifestaban por la ¡democratización
de la enseñanza!, ¡apoyo a la Uni de Nuevo León! -pues querían arrebatarle  su Autonomía-, ¡NO! al remedo de democracia
que ofrecía Echeverría; ¡apoyo a la política sindical de los obreros!; entre
otra serie de demandas. Demostrado así que no quedaba de otra… aparecieron en
nuestro país, en varios estados,  diferentes organizaciones revolucionarias,
entre ellas, las FLN que para agosto de éste 2019  cumple 50 años.

Recordamos
a nuestros compañeros Manolo y Ruth nacidos en el mes de junio. Ella, nacida en
Campeche, y que en éste junio cumpliría 62 años, cuando fue asesinada tenía 25
años. Ella escribió para el periódico Nepantla
8 del 27 de octubre de 1979
,  un
artículo que tituló: “El Monte: Escuela para el hombre nuevo”. Se trata de su
experiencia en el monte, es un artículo histórico, no una guía para la acción,
nótese por el título, que la igualdad por el machismo de la época aun
determinaba la separación de trabajos por el género, podría haber titulado su
artículo “El Monte: Escuela para la mujer 
y el hombre nuevo”.  Aquí el
artículo histórico….

El Monte: Escuela para el hombre nuevo

por Ruth

En el
campo la lucha de clases asume caracteres más violentos que en las ciudades.
Las condiciones de vida de los pobres del campo son increíblemente espantosas.
No existen los paliativos ni los medios de enajenación de las grandes ciudades.
La población rural sufre más cruentamente el hambre, la explotación, las
enfermedades. En el momento en que se prenda la chispa revolucionaria,
planteándosele a este sector la alternativa libertaria no vacilará en tomar las
armas para luchar contra quien lo somete.

El
iniciar la guerra en un ambiente hostil para cualquier ser humano, en una zona
de difícil acceso en terrenos montañosos, intransitables, presenta a las
fuerzas revolucionarias la oportunidad de combatir de igual a igual a un
enemigo superior en número y armamento.

Con razón
Fidel en la Segunda Declaración de la Habana señala:

“Los
ejércitos, estructurados y equipados para la guerra convencional, que son la
fuerza en que se sustenta el poder de las clases explotadoras, cuando tienen
que enfrentarse a la lucha irregular de los campesinos en el escenario natural
de éstos, resultan absolutamente impotentes; pierden diez hombres por cada
combatiente revolucionario que cae, y la desmoralización cunde rápidamente en
ellos al tener que enfrentarse a un enemigo invisible e invencible que no les
ofrece ocasión de lucir sus tácticas de academia y sus fanfarrias de guerra de
las que tanto alarde hacen para reprimir a los obreros y a los estudiantes en
las ciudades”.

EN LAS CASAS

Desde muy temprano y durante varios días
trabajamos sobre los materiales adquiridos o comprados por los compañeros
militantes urbanos y que habían sido traídos a la casa. Próximamente
“subiríamos” a hacer algunas prácticas militares, según nos informaron
oficialmente semanas antes. Fabricamos mochilas, botas, fundas para pistola;
empacamos en bolsas de plástico debidamente selladas alimentos (algunos como el
“chocoproto”, elaborados por nosotros), medicinas, balas, etc.

EL VIAJE

Emprendimos
el viaje hacia la selva en la fecha señalada con los equipos ya listos. Primero
realizamos un largo viaje por carretera; al día siguiente, en la tarde, durante
varias horas viajamos sobre una carretera de terracería, acercándonos cada vez
más al lugar de la cita. Esta cita era con los compañeros que se habían
internado en el monte una semana antes. Previamente un compañero con una
cobertura “legal”, había entrado a verificar que no hubiera soldados, los que
en ciertas circunstancias revisan a todo el que entra y sale de la selva. Los
indígenas de la región casi no caminan de noche por el monte por temor a ser
mordidos por la nauyaca (víbora venenosa); de día pueden verla, no así en la
oscuridad. Es por esto que la cita en el lugar de reunión con los compañeros se
efectuaría a las 22:00 hrs., de este modo los indígenas no se darían cuenta de
que “el guerrillas lo anda” en la
selva.

Hicimos
un alto en el camino y nos cambiamos la ropa, los zapatos por botas, guardamos
en los bolsillos de la camisa (deliberadamente grandes para que cupieran muchas
cosas) navaja, brújula, paliacate, silbato, encendedor; en sus respectivas
fundas guardamos las armas y cargadores personales, después las colgamos en la
cintura. Aparte de estos indispensables objetos, se procura traer siempre como
equipo personal: reloj, lámpara de mano, cantimplora, machete, arma personal,
regularmente un arma larga, antiviperino que en caso de mordedura de víbora
deberá aplicarse inmediatamente (siempre que se encuentra una serpiente no se
averigua si es venenosa o no, si morderá o no, se le mata de cualquier manera.
No hay que usar el machete, es decir no se le degüella porque la cabeza puede
saltar y morder. Procúrese entonces una vara larga y verde –porque si está seca
se rompe- y se le golpea lo más cerca de la cabeza; con esto se le secciona la
médula espinal impidiéndole cualquier movimiento). Entre los objetos que se
procuran traer a mano están también: bolsas de plástico (para hacer fuego si se
hace de noche o para meter piezas de cacería pequeña sin que le llegue la
mosca), tela adhesiva (para ampollas), un cordón para amarrar piezas de cacería
grandes. Se evitan los objetos estorbosos e inútiles. El “guerrillero lleva su
casa a cuestas”. Se procura llevar la mayor comodidad posible a un medio que no
brinda ninguna. Los materiales se buscan lo más ligero posible, evitando el
peso excesivo, pues éste se “multiplica” en el transcurso de una caminata.

Emprendimos
el camino nuevamente, pero para sorpresa nuestra más adelante a todo lo ancho
de la brecha se encontraba un árbol caído impidiéndonos continuar. Resignados,
nos disponíamos a continuar a pie; lo que ocasionaría llegar tarde a la cita. De
pronto aparecieron dos figuras salidas del monte. Eran los compañeros, que por
suerte se habían enterado por medio de un rociador antipalúdico, que debido a
la roza y quema del monte, practicada por los habitantes de la zona con fines
agrícolas, un árbol había caído en medio del camino. Después de los respectivos
saludos y despedida del compañero que nos vino a dejar, emprendimos el camino
rumbo al campamento. Paramos en un arroyito a descansar y tomar agua. Una
compañera sintió una pequeña molestia en el talón, se quitó la bota y la
calceta apareciendo debajo una enorme ampolla que le taparon con gruesas tiras
de cinta adhesiva, quedando la ampolla protegida, ¡y a caminar nuevamente!
Llegó el momento de dejar la brecha e internarnos en el monte. El responsable
indicó a la “tropa nueva” que caminara levantando un poco los pies (como lo
hacen los habitantes de la zona, a fin de no tropezar) y apuntar la luz de la
lámpara hacia abajo. Al llegar al campamento nuestras hamacas estaban ya
colgadas en sus respectivos lugares; inmediatamente nos lanzamos sobre ellas,
estábamos un poco cansados por la caminata.

EL
CAMPAMENTO

Muy
temprano despertamos; los recién llegados nos encontrábamos cubiertos de
ronchas, sobre todo en las manos. Al dormir no debe dejarse al descubierto ninguna
parte del cuerpo, si es que no se quiere ser “comido” por los mosquitos. Los
compañeros que tenían tiempo en el monte estaban prácticamente inmunizados, por
lo que no les ocasionaban mayores molestias los piquetes, incluso no se
enroncharon. Iniciamos las labores matutinas: uno acarrea agua, otro en la
intendencia enciende la hoguera que es todo un ritual: primero se limpia el
terreno, se juntan ramas delgadas y hojarasca, sobre ellas se derrite una bolsa
de plástico con ayuda del encendedor. El plástico mantiene un fuego permanente
y sirve para incendiar las ramas y la hojarasca. Para acelerar la formación de
la fogata se abanica de preferencia con plumas de ave de monte, al principio
suavemente para no apagarla. Ya que existe un fuego más vivo se abanica más fuerte
y se acercan ramas y troncos de mayor tamaño. Los troncos no se ponen
empalmados, sino separados, como una tienda de indio norteamericano a fin de
que circule el aire en medio de ellos.

Con la
luz del día observamos la exuberante vegetación, lo majestuoso de los árboles y
¡la altura!, sólo en algunas partes los rayos de sol pegan con fuerza. Basta
caminar 10 metros para perder de vista el campamento. Se escuchaba el agua que
corría en un río cercano. El campamento era un pedazo de selva que los
compañeros habían “limpiado”; esto quiere decir, cortado toda rama o árbol que
estorbara.

Las
hamacas colgaban de dos árboles y sobre cada una de ellas había unos plásticos
lo suficientemente grandes para cubrir la hamaca. De sus cuatro costados se
ataban hilos de nylon, y uno a todo lo largo, en medio del plástico, a manera
de parteaguas; así, el hilo divide el plástico en dos quedando éste como casa
de campaña. Abajo del plástico y la hamaca estaban las “mochileras” hechas de
palos (atados o sueltos) juntos unos con otros donde se depositaban mochilas,
lámparas, etc., para que en caso de lluvia los equipos no se mojaran. El arma
larga y el machete colgaban de una horqueta clavada en el suelo. De un árbol a
otro había una antena que bajaba a un pequeño radio portátil de onda corta. Por
las tardes escuchábamos las noticias de Radio Habana. De un palo atravesado en
forma horizontal sobre unas horquetas, colgaban costales con alimentos para
evitar que se los comiera el tlacuache (zarigüella). También por las hormigas,
cucarachas, etc. Todos los “muebles” están hechos con palos y bejucos. En la
cocina; sobre la mesa, los platos, las cucharas,  la olla y la tetera; todo a un lado de la
fogata para evitar las moscas, pues el humo y el calor las ahuyenta.

Debido a
que los compañeros no corrían con suerte como cazadores, desayunamos
chocoproto, carne seca, frijol en polvo. Actualmente hay oportunidad de comer
dos veces al día. En ocasiones, cuando existe escasez de alimentos y cacería,
se come sólo una vez al día. Pero estamos conscientes que llegarán momentos más
difíciles en que no se probará bocado en días debido al acoso constante del
enemigo. El guerrillero debe “ser sufrido
hasta un grado extremo (,,,) para sobrellevar las privaciones de alimentos, de
agua…”
(Che)

La
responsable de sanidad procedió a curar la ampolla producida por las botas
nuevas. Lavó con jabón y puso encima una gasa. Siempre es preferible dejar la
herida al aire libre, pero resultaba contraproducente por las moscas y
mosquitos circundantes. Esta ampolla se iba haciendo más profunda conforme la
compañera caminaba, evitando así que cicatrizara; por este motivo el
responsable decidió recluirla por algún tiempo en el hospital-hamaca, porque
además, amenazaba con infectarse. En el monte cualquier herida es más propensa
de infectarse que en la ciudad. Tarda más en curar por las condiciones de
higiene prevalecientes: las moscas, la tierra, la falta de un aseo cotidiano.
El responsable de sanidad es parte indispensable de la guerrilla, la vida de
los exploradores está llena de accidentes, enfermedades y en la guerra será el
que salve vidas de combatientes, extirpe balas y brinde apoyo moral a los
enfermos.

Después
de un suculento desayuno emprendimos la caminata hacia un lugar cercano, donde
pudiéramos efectuar algunas prácticas de tiro. A pocos metros empezamos a sudar
mojando las camisas: los compañeros frecuentemente estaban cubiertos por una
nube de sayules (abejas silvestres) que se dedicaban a chupar el sudor de la
ropa. Caminábamos por un camino real abandonado, en fila india. Cuando se
camina por una picada (camino abierto con machete) se debe seguir cada rama
tocada por el machete. Es muy fácil perderse estando fuera de la picada. Unos
días antes un compañero se había perdido; al ver una manada de monos salió del
camino con el fin de perseguirlos, pero no tuvo la previsión de usar la brújula
o dejar una señal. Después de cazar un mono ya no encontró el camino de
regreso. La desesperación hizo que caminara en círculos. Al verse
definitivamente perdido disparó su pistola al aire. Al oírlo los demás
dispararon también en respuesta. Como ya estaba obscureciendo, prendió una
pequeña fogata, asó un pedazo de carne de mono para comer y se durmió en la
raíz de un árbol. Al otro día encontró el camino y a los compañeros que habían
salido a buscarlo.

LA
PRÁCTICA

(se
omite la narración de la práctica por ser un tema militar)

DE
REGRESO

Llegó el momento de despedirnos del monte y
regresar a la ciudad. Muy temprano levantamos el campamento. Quitamos hamacas,
plásticos, acomodamos todo en las mochilas. Algunas cosas se enterraron o
escondieron en algún lugar de la selva. Los escondrijos se utilizan con
frecuencia para guardar comida, armas, medicinas. Son necesarios estos
entierros en el caso de que se dificulte la cacería o que por alguna razón no
pueda ser abastecida la guerrilla desde afuera.

El abastecimiento es indispensable para la
sobrevivencia de la guerrilla. Se logran transportar equipos y alimentos en una
forma camuflada en la etapa exploratoria; pero más adelante, cuando las
hostilidades se inicien, la vigilancia del enemigo será mayor; entonces estos
transportes de abastecimientos serán fácilmente localizables y distribuibles
corriendo grave peligro la gente que haga el transporte. Es entonces que el
guerrillero necesitará el apoyo de la población campesina, que sea ella quien
provea a la guerrilla con el fruto de sus siembras, animales domésticos,
incluso comida comprada en las tiendas y en una etapa más avanzada pueden
existir siembras “donde los campesinos
trabajen en beneficio del ejército guerrillero”
(Che). También será
necesaria la organización de una línea de abastecimiento desde zonas más
lejanas en base al apoyo campesino; en que se proporcionará al núcleo armado,
equipos y materiales que no brinda el campo, como son hilos para hacer hamacas,
lona para mochilas, plásticos, medicinas, etc.

Recogimos todo, la orden era no dejar
huella de que ahí había vivido alguien. Tiramos los troncos con que se habían
hecho los muebles, recogimos las cenizas de la fogata y les echamos tierra
encima, enterramos las latas  vacías. No
debía quedar ni un papelito, nada.

Un día antes de partir fuimos al río a
tomar un baño, que sentaba muy bien después de algunos días sin aseo. El río es
limpio y cristalino; lleva una fuerte corriente, lo que impide permanecer en él
sin tomarse de alguna rama o piedra, por eso nos bañamos en la orilla; los
paliacates sirven de toallas. Siempre que hay oportunidad y jabón, el que lo
desea se baña y lava su ropa. Esto último resulta muy necesario, sobre todo
después de mucho tiempo, pues la ropa guarda la tierra, lo que provoca
rozaduras sobre el cuerpo. Cuando hay otra muda de ropa  limpia, se utiliza, sino, usamos la misma.

El aseo del cuerpo no se efectúa con
regularidad debido a que no alcanza el tiempo, las necesidades de trabajo del
grupo son muchas.

Las condiciones de higiene del monte son
distintas a las de la ciudad. En ocasiones no hay agua corriente; los trastos
no se lavan con jabón. Aunque los excrementos se entierran, los animales que
pululan por ahí no lo hacen y las moscas, que existen en una gran variedad,
contaminan los alimentos. Todo esto ocasiona fuertes diarreas. Otra de las
causas de las diarreas es el cambio de régimen alimenticio de la ciudad al
monte, muy distinto, como hemos visto. El agua no se hierve (sólo se hierve
cuando es agua estancada), se toma de río o laguna. El organismo tiene defensas
para los bichos de su medio, en la sierra se encuentra con otros distintos. Con
el tiempo, una vez acostumbrado el organismo a este nuevo ambiente, las
diarreas desaparecen.

Son variadas las enfermedades a las que
está expuesto el explorador en este ambiente salvaje. Muchas de ellas pueden
ser prevenidas con medicamentos. Existen otras en que es muy difícil conseguir
la medicina, como es el caso de la leishmaniasis o úlcera del chiclero (llamada
en Nicaragua úlcera del guerrillero, los sandinistas la padecieron). A dos
compañeros les dio esta enfermedad. Surge de un piquete de mosco;  se presenta en un principio como una
espinilla que después va haciendo un hueco (una úlcera) cada vez más grande.
Las úlceras no son dolorosas y se curan al cabo de un año dejando cicatrices.
Sin embargo, si no se aplica un tratamiento oportuno y eficaz destruye el
tejido cartilaginoso y óseo de la nariz o las orejas sufriendo el rostro una
horrible desfiguración. Afortunadamente para los compañeros nada de esto
ocurrió pues fueron curados a tiempo.

Existe otro mosco, distinto al de la
leishmaniasis, que es vector de una larva que se introduce en la piel. La larva
va creciendo poco a poco, hasta convertirse en un gusano. El movimiento de su
cuerpo produce dolor donde se haya introducido. Por fuera sólo se ve una
pequeña roncha con un agujerito que le sirve para respirar; a veces se ve al
asqueroso gusano que sólo se asoma para respirar. Con el tiempo el gusano sale
de su escondrijo y se convierte en mosca. Dos compañeros tenían este parásito.
Uno en el brazo y el otro en la oreja. Los habitantes de la zona cubren el
lugar de la roncha con una hoja de tabaco; el gusano muere asfixiado, a la vez,
que la nicotina lo intoxica. Vimos que por ningún medio científico salía el
bicho; triunfó la medicina de la selva, se asfixió el animal poniendo un
plástico en la región de la roncha. Sin embargo, el parásito que se encontraba
en la oreja no podíamos asfixiarlo, porque estaba en una región muy difícil de
cubrir. Nos sentíamos tan mal, tanto la compañera que traía el gusano como los
demás, que le aplicamos cera, Duco, Resistol, tratando de taparlo, pero el
animal hacía un agujero nuevamente para respirar. Al fin, un día que asomó la
trompa, el responsable de sanidad lo tomó con unas pinzas y lo extrajo. La
gente conoce este gusano como “colmoyote”.

Unos cuantos días no son suficientes para
conocerle al monte sus secretos. Sin embargo, si podemos concluir con algunas
observaciones, como por ejemplo: la importancia que tiene el trabajo urbano,
tanto profesional como civil; la dedicación y cuidado que requieren de nosotros
los trabajos manuales que realizamos día a día, tanto en el aspecto de nuestra
formación proletaria, como en la necesidad que tiene la guerrilla de que los
equipos estén perfectamente bien fabricados o empacados, etc. Todos los objetos
adquieren en el monte un valor inapreciable, desde una aguja hasta las armas,
que al romperse o extraviarse por descuido, son imposibles de reponer a corto
plazo. Todo fuera como “ir al ‘super’ a
comprarlos”.

La
jornada montuna nos ha puesto a pensar en la necesidad de prepararnos en el
terreno de la teoría científica de la revolución, que nos conduzca a
desarrollar eficazmente nuestras actividades prácticas. Una condición física
buena es importante en un ambiente tan adverso, pero lo predominante deben ser
las virtudes guerrilleras: voluntad, tenacidad, paciencia, en una palabra: alta
moral revolucionaria.

Grupo Editorial de la Casa de Todas y Todos