Posted On 1 julio, 2019 By In Editorial, Portada With 605 Views

1 de julio 2019 – 230 años

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Estas son, las mañanitas, que cantaba el rey David…

a los jóvenes valientes se las cantamos aquí……

Despierta Xavier despierta……!

Julio sigue siendo el mes de los inicios….

Cuando en Otano inicia el nuevo día, en México anochece. Para nosotros que no olvidamos, sentimos como propia la lucha de los pueblos por su liberación.

Ese sentimiento nace del ejemplo de otros más antiguos en el caso de México, 2 héroes de la Patria que unieron la historia para que hoy podamos llamarnos hermanos mexicanos. Xavier Mina, Fray Servando y se cuentan hasta 300 combatientes convocados por ellos para ir a luchar en tierras lejanas para acabar con el imperialismo, ese que desprecia y encadena, nos suena tan actual, aunque sea otro.

Estamos sin duda en deuda con el pueblo navarro, somos hermanos en el amor y en el dolor. Debemos ayudarnos sin buscar obtener ventajas mezquinas, conocer nuestras historias, respetarnos, ser consecuentes con lo que se dice y se hace. En fin, hacer todo lo que nos une y nada de lo que nos separe. Existe una gran cantidad de actividades que debemos procurar realizar en conjunto hoy navarros y mexicanos. Debemos unirnos primero utilizando los medios modernos de comunicación y después en vivo, todos aportaremos los puntos de vista de su entorno y encontraremos nuevas rutas que constituyan los puentes necesarios para ser felices. Ese sentimiento tan antiguo y tan actual no debe terminar nunca.

Felicidades hermanos navarros!!!!

Gora Mina!!!!

En julio de 1971 el gobierno de Luis Echeverría se entera de la existencia de la organización  Fuerzas de Liberación Nacional.  En  julio, hace 19 años ya, se inaugura la entonces “Casa del Dr. Margil”, que fue vandalizada y  hoy reconstruida como  Casa de Todas y Todos ; y en el julio de hace 6 años se inicia el trabajo de nuestra “página web”.  Con distintos trabajos y en distintas épocas, y  ya muy cerca de completar los primeros 50 años de labores “anti-imperialistas”, el trabajo continúa, y –como no nos cansamos  nunca de decirlo, no debemos equivocar al identificar al “enemigo”, es ese mismo que ahora presiona no sólo a nuestro país México, sino a toda América Latina. Citemos al  Ché quien bien lo dijo en su Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental….

“América constituye un conjunto más o menos homogéneo y en la casi totalidad de su territorio los capitales monopolistas norteamericanos mantienen una primacía absoluta. Los gobiernos títeres o, en el mejor de los casos, débiles y medrosos, no pueden imponerse a las órdenes del amo yanqui.”

En éste Julio recordamos al compañero “Héctor” quien nació en éste mes.  Él y Mateo (Alfredo) supieron defender, con las armas en la mano a su organización, al ser descubiertos por los enemigos del pueblo en la ciudad de Monterrey. No podía ser de otra manera.  Años después Héctor y el compañero Manuel fueron los primeros en llegar a la selva a sembrar la semilla para formar un ejército. Sólo dos compañeros quienes iniciaron ese trabajo, hoy somos miles. Tiempo después “Héctor” con cuatro compañeros más y la compañera “Murcia”, cumpliendo con su labor anti-imperialista, desalojaron a los espías del “Instituto Lingüístico de Verano” de su campamento en la Selva, en la Laguna del Ocotal para ser precisos. Esa es la verdad histórica, la única verdad, no hay otra, aunque se pretenda ocultarla. 

Nuestra organización política no basa su desarrollo en coyunturas, nacimos defendiendo a nuestro país del imperialismo y eso no ha cambiado. Se dijo hace 50 años “los errores son nuestros, la victoria es ya de nuestro pueblo”.  Felicidades a todos aquellos dispuestos a no dejarse controlar.

Adelante!!!!

¡Vivir por la patria! o ¡Morir por la libertad!

Recordando a Héctor y a Mateo, transcribimos un testimonio aparecido en las páginas de nuestro periódico NEPANTLA No. 6  de julio de 1979, denominado “El bautizo de Fuego”, donde se narran los acontecimientos:

LOS ACONTECIMIENTOS

En la primavera de ese año se ocupó la casa. Comenzó en seguida a funcionar como lugar de reunión, bodega y chochera –garage- las armas no se almacenaban ahí, pues la casa se quedaba sola.

La Ca. Reneé (Murcia), era la única mujer que podía asistir ahí. Lo hacía eventualmente y por lo mismo los escasos vecinos que había no la identificaban como su habitante; sólo veían el número de autos que llegaban y salían.

Era la clásica casa de colonia de clase media; el terreno tenía 12 metros de frente por 20 de fondo, únicamente colindaba con otra construcción por su lado oriente, al fondo, y por el lado poniente había terrenos baldíos; al frente había un pequeño jardín flanqueado por la cochera que desembocaba en la puerta de entrada principal a la sala-comedor; a un lado del comedor, la cocina con una puerta que comunicaba hacia un patio de servicio y una salida lateral a la cochera y a la calle entre la cocina y el comedor un baño y junto a él 2 recámaras con roperías.

Se procuró conseguir una sala para que llenase el espacio de aquel enorme cuarto de entrada. Los demás cuartos estaban casi vacíos, solo había un catre, una mesa para trabajar, algunos libros, cobijas y ropa para el Co. Mateo (Alfredo) que era quien la ocupaba y eventualmente algún compañero profesional que acompañaba al Co. Pedro en sus viajes a la zona centro del país.

En el mes de junio, llegó el Co. Pedro acompañado por el Co. Pepe (Héctor) quien tenía la misión de aprender a volar para obtener su licencia de piloto aviador, por lo que pasaría varios meses en esa casa. El Co. Pedro pasó unos días ahí, regresó al cuartel general que estaba en Puebla, pues estaba preparando la subida al monte de un primer grupo de compañeras y compañeros ya que en ese mes de julio se produjeron las primeras incorporaciones femeninas a nuestras filas profesionales.

El desarrollo de nuestra organización era acelerado en aquellos días y por lo mismo exigía aprovechar al máximo la obtención de recursos por vías legales. Cuando nuestra heroica Ca. Soledad se integró como militante profesional, propuso obtener una dote que un tío rico le había prometido para cuando se casara, por lo que se montó una bien orquestada trama que culminó con su “casamiento” con un Co. nuestro, emprendiendo después del “casamiento” la graciosa huida con la dote de por medio.

A mediados de julio llegó a Monterrey el Co. Pedro en compañía del Co. Elí, que le servía de chofer, ya que él no sabía conducir. El día 19 de julio, nuestro Co. Pedro estaba en compañía de sus hijos y esposa esperando al Co. Mateo (Alfredo) quien debía pasar a recogerlo a las 19:30 hrs. Ahí estaba yo acompañando a una Cra. urbana que había ido a entrevistarse con otro compañero responsable. Al no llegar el compañero Mateo a la hora indicada, comenzó la natural preocupación ya que era sumamente puntual, además de que había teléfono para avisar si la causa de su retraso fuera por motivos fortuitos.

A las 20:00 hrs. el Cro. Pedro me dijo: “lleva a la compañera a su casa; aprovecha para observar por fuera la casa de Mateo y me avisas si ves algo raro”. Nos despedimos y me encaminé a la colonia Lindavista, que era donde se encontraba la casa de seguridad.  “Aproveché” el tiempo para presumir con la compañera de mis dotes de “agente 007” parodiando las frases que utilizan las series de televisión. Recuerdo que instantes antes de llegar a la esquina para dar vuelta, ya que a 30 metros de ahí se encontraba la casa, iba yo diciendo: “cuando hay una labor complicada generalmente recurren a mi, o a alguien como yo; mi nombre es John Drake”. Mal acababa de pronunciar esas palabras cuando distinguí la casa; estaba con las luces encendidas y los dos autos pertenecientes a nuestra organización estacionados, uno en la calle y el otro dentro de la cochera. Todo parecía normal, avancé unos 15 metros más y se me helaron las palabras en los labios; a 15 metros había un sujeto de complexión robusta, tirado a media calle retorciéndose en el suelo con una pistola revolver calibre .38 de cañón corto en la mano derecha. Para mí ya no había duda de lo que pasaba; tenía 15 metros y un auto a una velocidad de 40 Km. por hora para tomar una decisión; o atropellaba a aquel esbirro y sacaba mi pistola para entrar a la casa, o pasaba sin detenerme para avisar al Co. Pedro; tomé ésta última determinación. Avancé unos 50 metros y me detuve junto a una señora que nerviosa se asomaba a la calle a quien le dije sorprendido: “oiga, señora, ahí a media calle hay un hombre tirado, parece que lo atropellaron”. Ella me respondió impresionada: “no está atropellado, se oyeron muchos balazos”. Ya no había duda alguna; tenía que cumplir con mi misión: avisar al Co. Pedro y ponerlo a salvo. Enfilé a toda velocidad a mi casa donde tenía teléfono y llegué en tiempo record. Segundos después de mí entraron los Co. Mateo (Alfredo) y Pepe (Héctor) sentí un gran alivio; acababa de avisar en clave al Co. Pedro que saliera del lugar donde estaba y camina hacia otro sitio. También avisé al Co. colaborador que nos rentaba la casa para que actuara en consecuencia a lo acontecido. En medio del nerviosismo general proporcioné ropa a los compañeros y me dirigí a recoger a nuestro Co. responsable que esperaba tranquilo en la esquina señalada con un maletín pequeño en la mano.

Ya con más calma el Co. Mateo (Alfredo) nos platicó lo acontecido: a eso de las 18:00 tres tipos habían tocado a la puerta. Del se asomó sin ser visto y alentó al Co. Pepe (Héctor) quien empuñó una carabina M-1 y se parapetó detrás de una puerta donde cubría la entrada en caso de que pretendiesen entrar por la fuerza.  El Co. Mateo (Alfredo) sacó su pistola calibre .45 y se la colocó en la bolsa trasera del pantalón para que no le hiciese bulto en la cintura, entreabrió la puerta y preguntó que deseaban a los sujetos identificándose éstos como agentes federales y que tenían éstos la denuncia de que ahí se hacían movimiento raros y presumiblemente se traficaba con drogas, pidieron que los dejasen entrar a revisar o que, repartiesen la droga en caso de llegar a un acuerdo ahí mismo, o que los acompañaran al ministerio público a declarar. Traían un acta donde aparecían todas las placas de los vehículos que llegaban a esa casa, por lo que todos nuestros autos estaban “quemados”. La decisión del Co. Mateo (Alfredo) fue la más acertada: ganar tiempo para que obscureciera e intentar la salida atacando a los esbirros por sorpresa; todo esto antes de que el Co. Pedro mandase a alguien a investigar por el retraso.

Ahí mismo el compañero Mateo (Alfredo) se identificó con los policías también como policía; los hizo que confiaran y los cebó con repartir el botín, lo cual tenían que consultar con su jefe, un esbirro que acompañado de otros esperaba tranquilamente en su vehículo. Así comentaron tres horas de regateo, los esbirros le preguntaban con qué mafia de traficantes trabajaba él, pues era fácil comunicarse con ellos, para llegar a un arreglo. Se manejaron cifras estratosféricas de millones de pesos en drogas y se hacían recesos para consultar a sus “jefes”, lo que aprovecharon los compañeros para planear su salida. Revisaron la parte posterior de la casa y ahí había un esbirro cuidando, otro por un costado de la casa y tres al frente, uno de ellos exactamente frente a la cochera. Nuestros compañeros prepararon las armas. Lo apremiante de la situación no impidió a Mateo (Alfredo) ni Pepe (Hector) despedirse fraternalmente por si ya no se volvían a ver, y a las 21:00 salieron por el frente. El esbirro que cuidaba la salida levantó su arma pero fue puesto fuera de combate por tres disparos del compañero Mateo (Alfredo). Ambos compañeros corrieron para cruzar la calle resbalándose Mateo por la prisa, pero el resto de los esbirros ya no querían saber nada. ¡Necesitaban refuerzos! y ya no lo siguieron, se limitaron a pedir ayuda acudiendo un centenar de policías de todas las que padecemos intimando a rendirse a una casa vacía y después prácticamente la incendiaron pues lanzaron granadas.

Entre tanto, nuestros camaradas habían llegado a una calle situada atrás de la casa cruzando un terreno baldío. Y ya en la calle, el Co. Mateo con sus habituales buenos modos (pero con su arma en la mano), pidió a un automovilista que por favor les permitiera usar su auto, a lo que el aterrorizado conductor accedió sobresaltado por un disparo que el compañero lanzó al aire.

Nosotros teníamos que aprovechar las horas de la noche para cambiar el armamento del escondite en que se encontraba y guardar los vehículos “quemados” para no ser localizados. Avisamos a la Cra. Reneé (Murcia) y al compañero Elí para reunirnos en un terreno que habíamos acondicionado como refugio para utilizarlo en situaciones como la que estábamos pasando.

El Co. Pedro avisó telefónicamente al Co. Salvador lo que había sucedido y le ordenó viniese a recogernos; pero el domicilio a donde fueron el Co. Salvador y el Co. Jesús la noche siguiente para localizarnos estaba también vigilado habiendo casi un nuevo enfrentamiento produciéndose la persecución de ambos compañeros por las calles de la ciudad. Pero afortunadamente habían recibido el mensaje para que se marcharan.

A la tercera noche cambiamos las placas de los vehículos que teníamos y salimos a las dos de la mañana con las armas largas y unas 10,000 balas rumbo al centro del país. El viaje se efectuó sin novedad, contrastando la serenidad y criterios de nuestros compañeros Pedro, Mateo y Pepe pues para entonces nuestros nervios estaban agotados.

Los días que siguieron a los acontecimientos del 19 de julio fueron la intimidación y terror para los familiares de los compañeros identificados; el Co. colaborador que había rentado la casa arregló papeles para justificar la renta de su casa a una mujer “X”, pero sobre estimando su habilidad salió de la ciudad para arreglar asuntos pendientes que tenía en Nanchital, Ver., dejando a su secretaria en la oficina. La policía presionó a ésta pobre muchacha hasta que confesó que el licenciado le había rentado la casa a uno de nosotros y no a la supuesta mujer. La policía lo aprehendió en Veracruz y lo condujeron a la ciudad de México en donde el jefe de la Dirección Federal de Seguridad le dijo : “no vamos a batallar mucho” y le puso una pistola en la sien; ahí mismo, se declaró culpable.

Estuvo preso unos meses, pero recuperó su libertad condicional baja fianza al convencer al juez de su mínima participación (y alguna, no tan mínima, gratificación).

El balance de los acontecimientos los hizo la propia dirección de las F.L.N. en aquel mismo mes, en comunicado emitido al respecto. Con la incorporación de nuevos compañeros en las filas de cuadros profesionales se cumplió la meta señalada a fines de ese año, se reinstalaron todas las casas de seguridad que se habían dejado en distintas ciudades del país. Se había sabido proceder acertadamente en aquella primera prueba de fuego: Se había logrado convertir la pérdida en victoria.

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