Posted On 21 noviembre, 2016 By In corresponsalias, Memoria With 534 Views

Fragmento de La irrupción zapatista, 1911

*Dr. Francisco Pineda.

La situación del movimiento maderista, en el momento que los zapatistas iniciaron la lucha armada en Morelos, no era precisamente óptima. Si observamos la estrategia que se proponía seguir Madero, los resultados después de 3 meses y medio, hablan por sí mismos. Cuenta Francisco Vázquez Gómez que a principios de noviembre preguntó a Madero, en San Antonio Texas, con qué elementos contaba para la revolución que pensaba hacer, y la respuesta fue, poco más o menos: “Aquiles Serdán dará el golpe en Puebla; Cosío Robelo, en la capital; Robles Domínguez, en Guerrero, Ramón Rosales, en Hidalgo; Abraham González, en Chihuahua, y Soto al sur del Estado. Además, mi tío Catarino estará cerca del Bravo con seiscientos hombres montados y armados para recibirme el 19 en la noche. Por otra parte, el ejército federal se volteará y dentro de quince días estaremos en la ciudad de México, con toda seguridad”.[1] Como se dice, hacía cuentas muy alegres. Womack toma la referencia de Roque Estrada, que en lo sustancial no es muy diferente: “Madero sabía que no podía sostener una insurrección general, ni económica ni políticamente. Le costaría demasiado y probablemente se saldría de cauce. De manera que su plan revolucionario final estableció pocos centros de acción. Madero propuso dar tres golpes (a las ciudades de Puebla, Pachuca y México) cuando volviese a entrar en el país por el norte. Los revolucionarios y sus simpatizantes civiles y militares se levantarían ‘como un solo hombre’, se apoderarían de las calles y de las guarniciones en esas ciudades y obligarían al gobierno a tratar con Madero, mientras avanzase éste triunfalmente por Chihuahua”.[2]

Pero Madero, educado en Europa y Estados Unidos, y su flamante Consejo Estratégico no tomaron en cuenta un factor central, la condición humana, y llamaron a la revolución en México, en punto de las 6 de la tarde, del 20 de noviembre. Cuando ingresó al país la noche anterior, Tío Catarino y su grupo, que debía darle calurosa bienvenida, nunca llegó. Las armas y municiones que pagó por adelantado jamás aparecieron.[3] Se sumió en la decepción y regresó a Estados Unidos. Dicen que no se le volvió a ver por un buen tiempo. El segundo intento de ingreso al país también fracasó, pues la inminente toma de Ciudad Juárez, a principios de febrero, falló por la derrota de Pascual Orozco. El tercer intento funcionó, a fuerza, porque en Texas ya se había dado la orden de arrestarlo. Aunque Madero deseaba un momento más auspicioso, el 14 de febrero tuvo que cruzar la frontera oeste de El Paso, disimuladamente.[4] Luego, se produjo la derrota de Casas Grandes.

Desde otro ángulo, al centrar la atención en la segunda Zona Militar, el principal teatro de operaciones —Chihuahua y Durango— donde la dictadura concentró más de cinco mil efectivos y el maderismo jugaba su principal carta, la situación en ese momento mostraba una leve recuperación de la tendencia descendente de los efectos de las acciones sobre el ejército federal. Desde diciembre de 1910 hasta marzo, el número de heridos por mes fue 150, 93, 63, 71 y el de muertos 59, 106, 27, 40 entre los federales.[5] Desde el punto de vista de las bajas que causaban a los federales, para el mes de marzo había un ligero repunte, en relación con febrero.

El ejército de la dictadura no se derrumbaba, ni se volteaba. Sí, en cambio, se estaba extendiendo territorialmente el movimiento armado. “Desde el inicio de marzo fue notable el incremento de la actividad insurgente, y no hubo ni un día de ese mes que no se diera cuando menos una acción armada; el número de éstas casi se duplicó, en relación al mes anterior, alcanzando la cifra de ciento cuarenta”.[6]

No era ese el objetivo de los dirigentes de la lucha antiporfirista, pues el control de la situación peligraba. Así entendieron muchos la movilización estadounidense en la frontera y se dieron a la tarea de buscar un arreglo con el dictador. Los más activos fueron los Madero, que ya habían invertido en la guerra 8 millones de pesos, al endeudarse con los bancos de México.

La situación interna del maderismo se volvía más conflictiva debido a que su vocero, Francisco Vázquez Gómez, percibía “limanturismo en la familia Madero” (papá, tíos, hermanos); e “intromisión de limantourismo en los asuntos de la Revolución”. Se negó, por ejemplo, a acudir el 24 de febrero a Corpus Christi donde se efectuó un encuentro entre los Madero y el enviado del ministro de hacienda, el terrateniente Íñigo Noriega, “porque todo se reduce a pedir perdón y amnistía. Pancho y yo hablamos en El Paso de una transacción o arreglo posible; pero esto oficialmente y en virtud de un pacto o convenio formal y público, mas no en comisiones secretas, sin poderes y cuyo compromiso nadie garantiza”. El distanciamiento fue mayor cuando escribió molesto a Gustavo Madero “parece que en Corpus Christi creen que esto es asunto de familia; y si es así yo no tengo nada que hacer”.[7]

Vázquez Gómez en esto tenía razón. “Desde el punto de vista de la fortuna de la familia, la revolución era un desastre. Impulsados por la comprensión de ese hecho, Ernesto Madero, Evaristo Madero (hermano de Ernesto y tío de Francisco) y Rafael Hernández llegaron a Corpus Christi para discutir las bases de la paz con don Francisco [padre] y Alfonso Madero, esperando llegar a algún acuerdo informal que pudieran presentarle después a Díaz. Aún cuando más tarde Ernesto lo negó, hay evidencia de que también debía participar en las conversaciones un representante del gobierno mexicano”.[8]

Para comienzos de marzo, las vías del arreglo estaban allanadas desde los 2 campos. Las maniobras militares de Estados Unidos acelerarían la transacción a la democracia.

Nos fuimos a Villa de Ayala a pegar el grito. Allí nos levantamos con otros 100 ya con escopetas, con rifles de 12, granaderos, y puñalitos nomás, y otros con el corazón nomás” – Serafín Placencia Gutiérrez, capitán segundo de caballería del Ejército Libertador[9]

 

 

[1] Francisco Vázquez Gómez, Memorias políticas (1909-1913), Universidad Iberoamericana/El Caballito, México, 1982, pp. 59-60

[2] John Womack, op. cit., p. 66

[3] Charles Cumberland, op. cit., p. 146

[4] Ibíd., p. 152

[5] Secretaría de Guerra y Marina, Campaña de 1910 a 1911: estudio en general de las operaciones que han tenido lugar del 18 de noviembre de 1910 al 25 de mayo de 1911, en la parte que corresponde a la 2a. Zona Militar. Talleres del Departamento de Estado Mayor, México, 1913

[6] Santiago Portilla Gil de Portearroyo, op. cit., p. 227

[7] Telegramas del 24 y el 25 de febrero reproducidos en Francisco Vázquez Gómez, op. cit. (subrayados de FVG) pp. 80 y 81

[8]  Charles Cumberland, op. cit., p. 154

[9] Entrevista con el señor Serafín Placencia Gutiérrez, op. cit.

 

La fotografía es de Francisco Mata Rosas.

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